Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

jueves, 17 de mayo de 2007

En un pueblo sin nombre. Novena Parte.

Los tres amigos quedaron en silencio, mirándose los unos a los otros sin saber que decir ni que hacer. El rollo de la película llegó al final y saltó, Toño se levantó y se quedó quieto, mirando a la pantalla en blanco durante unos instantes. Se tocó el brazo arañado, aún dolía. Se dió media vuelta y miró a sus amigos, pensativo.
-Escuchad. -dijo Toño- No prentendo que nos las demos de héroes, pero sólo tenemos dos alternativas. La primera, quedarnos aquí, esperando, hasta que caigamos desfallecidos y nos encuentren algún día, como momias envueltas en celuloide, eso si es que no consiguen entrar ellos antes de alguna forma. Y la segunda salir ahí fuera y acabar con esas cosas.
-Evidentemente -dijo Jose- quedarse aquí no solucciona nada. Hay que salir, hay hacer algo, salvar a los que podamos...
-¿Salvar qué? -Interrumpió Toño-. Ya nohay nada que salvar en este pueblo. Ya no son las personas que conocimos. Es una cuestión de supervivencia, o esas cosas o nosotros. Hay que destruirlas.
-Pero así, a la ligera... -replicó Jose- Hay tantas cosas que aún no sabemos. ¿Qué es lo que hace exáctamente la sabia de los arbustos? ¿Son o no son nuestros familiares y vecinos? ¿Por qué aquí, en este pueblo? ¿Si ya no son nuestros conocidos, qué son esas cosas, de donde vienen?...
-No creo que no lo vayan a explicar, y a veces es mejor no saber las cosas. -dijo Toño
-Un momento -Ángel había estado callado en un rincón, pensativo, escuchando a sus dos amigos discutir- Los dos tenéis razón. No podemos quedarnos aquí, tenemos que hacer algo, tenemos que acabar con esas cosas, sí, pero no así sin más. No se vosotros, pero yo no tendría la conciencia tranquila si no supiese si hay una manera de salvar a las personas antes de destruirlas. Y además, hay algo muy importante que debemos saber: corrígeme si me equivoco, Toño, pero no logro sacarme de la cabeza esas palabras que te dijo Víctor: "Este es el comienzo de una nueva era, este es uno de los pueblos elegidos", o algo así. Tenemos que averiguar si esto está pasando en más sitios a la vez, si nuesto pueblo es el centro, el punto de origen... ¿Qué hacen con las semillas? ¿Las mandan fuera para sembrar arbustos en otros pueblos y ciudades? Si es así, destruyamos la fábrica y listo, pero, ¿Y si hay mas centros como este? Necesitamos saber más.

Estubieron largo rato hablando, discutiendo, decidiendo cómo actuar, que hacer. No conseguían calmarse y pensar con total claridad, la tensión de la situación les podía. Al fin, acordaron el plan a seguir: salir afuera y atrapar a su amigo Víctor, una vez preso, le intentarían hacer hablar, que confesase todo lo que le había contado a medias a Víctor un día atras. Si esto no funcionaba, destrirían la fábrica, y se llevarían a una de esas cosas con ellos a la ciudad, quizás allí alguien les ayudase a saber qué pasaba.
No sabían bien dónde encontrar a Víctor, pero lo más lógico, si no querían despertar sospechas sería ir a buscarle a su casa. De camino decidieron pasar por la ferretería y luego la farmacia para comprar el "equipo necesario para caso de emergencia" El botiquín que Toño había bajado de casa no era escaso y sólo tenían dos linternas de acomodador, sin pilas de repuesto.
Ángel y Jose se dispusieron a salir, miraron a través de los cristales de la puerta del cine. La calle estaba desierta. Toño se quedaría en el cine, esperándoles, esas "cosas" sabían que Toño sabía demasiado, y si les veían en compañía de él, posiblemente no durarían mucho. Tenían que pasar desapercibidos, tenían que seguir siendo los dos ingénuos muchachos que llegaron al pueblo y no sabían nada de lo que ahí pasaba.

La gente del pueblo caminaba por las calles y se ocupaba de sus asuntos con toda normalidad, con demasiada normalidad si uno se fijaba bien. Por ejemplo, el tráfico fluía rodeando la plaza sin problemas, sin gritos, pitadas, el guardia de tráfico parecía un autómata en el paso de cebra.
Llegaron a la ferretería. No había nadie, nigún cliente, sólo el dueño detrás del mostrador. Estaba quieto, inmobil, hasta que entraron los dos amigos, entonces, como si de un robot se tratase, se puso a anotar aglo en un albarán. Al fondo, su hija, una muchacha rubia de unos 18 o 20 años, colocaba botes de pintura.
-Buenos días
-Buenos días. - El dueño levantó la vista del albarán y les miró fijamente.
-Queríamos unas lint...
-Estamos de reformas en el sótano -interrumpió secamente Ángel- y necesitamos una serie de cosas... vamos a echar un vistazo si no le importa.

Se dieron media vuelta y comenzaron a pasear distraídamente entre los estantes de la ferretería. Jose miró de reojo para ver si el dueño les seguía observando. Parecía ocupado de nuevo en su albarán, aunque de vez en cuando levantaba la vista del papel. Ángel empezó a coger diferentes cosas: un destornillador, cola de carpintero, un martillo, puntas.
-¿Qué haces? -Susurró Jose.
-Seguir con el juego. No quiero que sospeche nada. Estamos arreglando el sótano, ¿de acuerdo?
Al pasar por delante de los útiles de jardinería cogieron unas enormes podaderas y un rastrillo de púas metálicas y miraron sonrientes al dueño, que les devolvió el saludo asintiendo con la cabeza.
Cogieron dos linternas grandes, de las que funcionan con baterías recargables y se dirigieron al mostrador.
-Nos llevamos todo esto.
El dueño empezó a sumar los precios de los diferentes artículos al tiempo que su hija, que había dejado de colocar botes de pintura y ahora estaba junto a él en el mostrador, los metía en una bolsa. Cuando le tocó el turno a las linternas, el vendedor se detuvo lentamente y miró a los dos chicos a los ojos.
-Lo siento -dijo el dueño-, estas linternas ya no están a la venta. Las hemos retirado.
-Pues tiene aún más en el estante. Mire, es justo lo que necesitamos para trabajar en el sótano, véndanos estas a nosotros y haga lo que quiera con le resto. Nadie se va a enterar. -dijo Ángel.
-No. Son peligrosas. Demasiado voltaje.
-Está bien -Angel se mostraba algo nervioso- cóbrenos el resto.
-Claro, son 5.200
Ángel metió la mano en el bolsillo, haciendo ademán de sacar la cartera, sacó la linterna de acomodador y apuntó directamene al dueño, que se apartó a tiempo cubriendose el rostro con los ojos. Jose encenció una de las linternas de baterías y enfocó a la hija que se derrumbó emitiendo aquel horrible chillido.
-¡Vámonos! -gritó Ángel.
Se disponían a salir cuando, de pronto, el dueño se avalanzó sobre ellos, derribándolos al suelo. Forcegearon, Ángel consiguió liberarse, cogió el rastrillo metálico y se lo clavó al dueño en la cabeza, éste se tambaleó y quedó apoyado contra el mostrado. Lentamente alzó un brazo y se arrancó el rastrillo del cráneo.
-Eso ya no sirve. Deberíais saberlo.
Rápidamente Jose encenció de nuevo la linterna de baterías y enfocó al dueño a los ojos hasta que este se desplomó emitiendo ese horrible chillido. Quedaron inmóviles unos segundo.
-¡Vámos! -Grito Ángel, nervioso. Lárguemonos de aquí. Se disponía a salir cuando, a través del cristal de la puerta pudo ver como diferentes personas avanzaban lentamente hacia la ferretería.
-Mierda. Ya han dado la alarma. Hay que regresar al cine -dijo Ángel.
-No podemos volver con las manos vacías, no podemos esperar más. Mejor intentemos llegar hasta casa de Víctor, si no conseguimos averiguar algo como tú dijiste, ¡Ah! que narices...
La hija del dueño se había levantado y se había avalanzado contra Jose mordiéndole en el cuello. Jose le golpeó con fuerza y la agarró firmemente, la muchacha se resistía y luchaba, intentando arañarle y mordele.
-Ahora esta se cree vampiro. Escuece la leche. -Jose se echó la mano al cuello.
-No sangras mucho, y sí, puede que sea vampiro.
-Deja de bormear y ciégala de una vez. Se revuelve más que la niña del exorcista.
-Espera -Angel miraba a la puerta- se me ocurre una cosa. Quizá funcione. Dudo mucho que consigamos llegar a casa de Víctor y convencerle de que nos siga al cine con todo el pueblo en guardia, pero quizá podamos llevarnos a tu "vampira"
-¡¡Cuidado!! -grito Jose. Un viejo con con barba tupida avanzaba hacia la puerta. Angel cerró con llave y le cegó con la lintera a través del cristal.
-Vienen más. Aprisa, agarra bien a la poseída, vamos a atarla, nos la llevamos de reén.
Le ataron las muñeas al a cuello a la hija de dueño. Jose la agarró bien fuerte del brazo.
-Listos. Tú ve delante abriendo paso con la linterna de baterías. Yo me llevo a esta del brazo. -Dijo Jose. Más vale que corramos sin pernsar en nada más si queremos llegar vivos al cine.
Ángel abrió la puerta y empezó a cegar con la linterna a las personas que había por la acera. Echaron a correr en dirección al cine, sin parar, sin mirar atrás, apuntando con la linterna casi al azar, derribando a la gente según pasaban. En diez minutos estaban en la calle del cine. Varias personas cortaban el paso, manteniéndose firmes, como la primera linea de un ejército, delante de la puerta del cine.
-¡Mierda!- ¡¡Toño!!, ¡¡Toño!!, -empezaron a gritar según se acercaban.

Toño estaba quieto tras las puertas de cristal del cine, con todas las luces, sonriendo tranquilamente, con aires burlones a toda la gente que montaba guardia afuera del cine. De pronto vió como la gente se iba dando la vuelta, mirando hacia la entrada de la calle. Oyó los gritos. Rápidamente, encendió los potentes focos que iluminaban el cartel de la marquesina y todas las luces exteriores, causando desconcierto y cegando a los que motaban guardia. Abrió la puerta.
-¡Aprisa! -gritó.
Sus amigos se abrieron paso a empujones y entraon al cine. Toño cerró rápidamente la puerta. Ángel y Jose se desplomaron sobre los sofase del hall del cine, sin aliento. Toño se aseguró de que todo estaba cerrado, observó a la gente desconcertada del exterior y se dió media vuelta. Sonriene, con los brazos en jarra, miró a sus amigos y a la chica, que reptaba atada por el suelo.
-Estamos a un paso del fin del mundo -dijo- y a vosotros lo primero que se os ocurre es trareros una tía... ¿De donde leches la habéis sacado?
-Muy gracioso.

1 comentario:

Kiko dijo...

jaja muy bueno, la verdad que te deja pegado al asiento. ;)