El ir y venir luchando por las cosas más queridas, sin bien nos gasta las manos, nos deja abierta la vida.
- Víctor Jara

martes, 5 de marzo de 2013

Reyfante

Lo que hay que ver
enciendo la tele y sale el rey
operado de hernia discal
en el mejor hospital,
caminando renqueante
por cazar elefantes,
ocupando con sus males
todos los titulares.

No sé quién está más enfermo
mi patria o su monarca viejo.
Ambos padecen falta de Riego
en el himno y en el cerebro,
y la medicina de Marianico
es la de siempre: pan y circo,
por eso no ven mis compatriotas
que la monarquía está pasada de moda.

sábado, 2 de marzo de 2013

Crónicas marcianas

Tenía 17 años el verano que leí por primera vez las Crónicas Marcianas de Ray Bradbury. Lo recuerdo como si fuese ayer. La pasión, los sueños, el profundo sentimiento humano que despertaron entonces en mi estos relatos de ciencia ficción.
Ahora, casi tantos años después vuelven a atraparme, a asombrarme, a darme lecciones para la vida, las palabrás escritas hace más de 50 años por un hombre de Illionis que, de una manera mágica, supo hablar a través de ficciones de esas verdades tan humanas y tan reales que por humanas y reales, uno no encuentra en los ensayos.
Según paso otra vez las páginas de libro, y releo historias que me hicieron soñar y crecer en mi adolescencia, vuelvo a crecer, vuelvo a descubrir nuevos significados, vuelvo a encontrar la raiz y esencia de ese Mito último que yace en la esencia del ser humano, y vuelvo a fundirme con la vida, aceptándola con todas sus imperfecciones.

Hay algo muy especial en el interior de estas cróncias. Son, como un antiguo mito, transmiten un saber y enseñanzas que saben a pozo antiguo, unas palabras perennes que se remontan al principio de los tiempos, y que nos siguen recordando la verdadera esencia del ser humano, por mucho que la queramos disfrazar de ciencia y tecnología, una esencia, que, como líquido primordial del que surgimos, sigue latiendo en nuetras venas recordándonos lo que somos y seremos.

Sólo unas pocas personas saben destilar ese vino ancestral que corre por nuestras venas. Bradbury fue una de ellas. Siento que, cuando el tiempo convierta en polvo las páginas de este libro, cuando su nombre quede en el olvido, estas crónicas marcianas, crónicas de la historia personal del ser humano, seguiran vivas, en la mente y en los labios de la humanidad, como lo están hoy dia los mitos.

viernes, 1 de marzo de 2013

El pueblo

Para todos los compañeros de lucha, conocidos y anónimos.

¡El pueblo, somos el pueblo!
voces que gritan y claman
brotando con fuerza del suelo
forjando un nuevo mañana
más justo, más libre, más nuestro.

¡El pueblo, somos el pueblo!
rostros y manos curtidas
bajo un sol certero
trabajando todas unidas
por un futuro que es nuestro.

¡El pueblo, somos el pueblo!
hombres, mujeres y niños,
vidas de amor y sufrimiento
labrando con sangre los campos
de un mundo que es nuestro.

¡El pueblo, somos el pueblo!
brazos que abren las manos
para acoger al extranjero,
manos que se cierran en puños
para defender lo que es nuestro.

¡El pueblo, somos el pueblo!
nada valen ya tu oro y tu plata,
no habrá últimos ni primeros
que el futuro espera al alba
y hacia él sólo avanza el pueblo.

jueves, 28 de febrero de 2013

Quiero ser marciano

 Sí, quiero ser marciano. Ojalá hubiese más marcianos en este mundo...

"[...] Los hombres de Marte comprendieron que si querían sobrevivir tenían que dejar de preguntarse de una vez por todas: ¿para qué vivir? La respuesta era la vida misma. La vida era la propagación de más vida, y vivir la mejor vida posible. Los marcianos comprendieron que se preguntaban ¿Para qué vivir? en al culminación de algún período de guerra y desesperanza, cuando no había respuestas. Pero cuando la civilización se tranquiliza y calla, y la guerra termina, la pregutna se convierte en insensata de un modo nuevo. La vida es buena entonces, y las discusiones son inútiles.
[...] Renunciaron a empeñarse en destruirlo todo, humillarlo todo. Combinaron religión, arte y ciencia, pues en verdad la ciencia no es más que la investigación de un milagro inexplicable, y el arte, la interpretación de ese milagro. No permitieron que la ciencia aplastara la belleza. Se trata simplemente de una cuestión de grados. Un hombre de la Tierra piensa: "En ese cuadro no hay realmente color. Un físico puede probar que el color es sólo una forma de materia, un reflejo la luz, no la realidad misma". Un marciano, mucho más inteligente, diría: "Este cuadro es hermoso. Nació de la mano y la mente de un hombre inspirado. El tema y los colores vienen de la vida. Es una cosa buena".
- Ray Bradbury, Crónicas marcianas

lunes, 25 de febrero de 2013

Regresemos al Jardín

Vamos a correr por los campos,
vamos a atrapar un sueño,
vamos a volar libres
a donde nos lleve el viento.
Toma mi mano bien fuerte,
y alza tu rostro al cielo,
respira cada brizna de aire,
y deja que la lluvia moje tu pelo.

Volvamos de nuevo al Jardín,
sintamos el sol y la hierba
acariciar nuestro cuerpo,
sin ropas ni ataduras,
seamos otra vez verdaderos,
seamos uno con el mundo:
cuerpo, viento, agua, fuego;
pasión y pensamiento.

Locos por (la) televisión

Hay gente que no sabe qué hacer para matar el tiempo, y de tanto pensar, acaba haciendo las cosas más inverosímiles. No se si es bueno o malo, si es de alabar o no.

Recién ha llegado el telecable “vía satélite” a este rincón de la selva. Y hemos pasado de tener tres canales que van y vienen a merced del viento, ver tropecientos nítidos canales. A mi ni me va ni mie viene, cada vez gasto menos tiempo delante del televisor, y estoy contento de que en mi residencia no haya ni aparato de televisión, pero, esta semana pasada, mientras esperaba a que las cocineras de turno colocasen la olla sobre la mesa, me senté con el resto de la tropa a ver las maravillas de la ciencia y la tecnología en nuestra “nueva ventana abierta al mundo”.

¡Válgame Dios que mundo! Me dan ganas de cerrar la ventana, de tapiarla para no ver más. Claro que con tanto canal, al final los programadores ya no deben saber que emitir, y acaban sacando las cosas más inverosímiles: en menos de una hora puede usted aprender a doblar tubos de acero, descubrir el fascinante mundo del ensamblaje de cajas de herramientas, conocer a un tipo que es “maestro” en una escuela de francotiradores, o compartir las obsesiones de varias familias que se preparan para afrontar la próxima apocalipsis en refugios imposibles y granjas autosuficientes perdidas en medio en un bosque. Todo ello en un canal de verídicos documentales. No sabía si reir o llorar. Si cambiar de canal, con miedo a encontrarme con alguna locura mayor, si apagar la tele,...
¿Cómo puede haber semejantes esperpentos sueltos por este mundo? Al final, la realidad supera con creces a la ficción.

Pero, después del susto que supone el encontrarse con que de verdad existen ese tipo de personas que inspiran las más escalofriantes películas, lo que me deja pensativo es la necesidad de llenar nuestra vida con 300 canales de televisión, todos ellos emitiendo a la vez cosas parecidas. Porque, ¿Quién puede ser capaz de ver todo el día película tras película? ¿A quién le puede interesar el funcionamiento de una fábrica de galletas de higo, el proceso de doblaje de tubos de acero, o si Luis XVI y su santa esposa tenían problemas sexuales? De verdad que ya no saben qué inventar para sacar por televisión.
Y lo más triste, es que si lo sacan, es que hay alguien fagocitando programa tras programa, absorbiendo cada rayo de luz de los LED de la pantalla, mañana y tarde. ¿No podría alguien inventar o promocionar otra forma de pasatiempos para toda esa gente que pasa las horas en casa sin nada que hacer?
Si no queremos que los que están delante de la televisión acaben siendo mañana los locos que hoy salen por ella, habrá que empezar a hacer algo. ¿O ya es demasiado tarde?

miércoles, 20 de febrero de 2013

Misionero

Con admiración y cariño a mi tío Pablo, a Juanito, José, Juan, Jesús, Gonzalo y todos cuantos han caminado y caminan con Sus sandalias.

No has olvidado el cayado
ni las sandalias de esparto
y tus hombros cansados
llevan con amor Su cruz.

En un morral gastado
en el que pesan los años
llevas amor y abrazos
para encender Su luz.

Es tu piel viejo sallo
y en tus manos los callos
son la señal del arado
con el que siembras la Fe.

Es tu voz como el viento
que desciende del Cielo
para regar los desiertos
y calmar la sed

de personas perdidas
sin rumbo en la vida
que al compartir tu fatiga
encuentran a Dios.