Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

martes, 22 de marzo de 2016

Y los libros siguen ardiendo

63 años. Ha pasado ya más de medio siglo desde que se publicó por primera vez la novela Fahrenheit 451 de Ray Bradbury y hoy, mientras la releo de nuevo, estas páginas lejos de volverse viejas y amarillas con paso del tiempo, hablan con una fuerza cada vez más presente. La novela que de adolescente me atrapó en su intriga, me hizo soñar, me hizo pensar y analizar el mundo, hoy me llena de miedo. Un temor profundo se apodera de mi médula y me hace detenerme casi a cada párrafo. ¿Cómo puede ser tan terrible? ¿Cómo puede ser que el futuro distópico que este hombre de Illinois imaginase en la década de 1950, a la luz de los increíbles y casi imposibles avances científicos, al ritmo frenético de la carrera espacial, bajo un mundo de guerra fría oprimido por el Macartismo, cómo puede ser que este futuro, en lugar de convertirse en un divertido cuento fantasioso del pasado, se torne en la más cruda realidad de nuestros días?

Me llena de horror pensar que estoy viviendo los albores de esa civilización de bomberos que queman libros, y aún de más horror y terror pensar que esos albores no están a siglos, ni siquiera a décadas de distancia. Mañana mismo, los bomberos de la salamandra podrían empezar a circular por nuestras calles, sin que nosotros nos hiciésemos una sola pregunta por ello, sin que mostrásemos la más mínima extrañeza en nuestro rostro.

[...] ¿Qué demonios hacen esos bombarderos ahí arriba, sin descansar un minuto? ¿Por qué nadie habla de eso? ¡Hemos iniciado y ganado dos guerras atómicas desde 1960! ¿Nos divertimos tanto en casa que nos hemos olvidado del mundo? ¿Será que somos tan ricos y el resto del mundo tan pobre y no nos importa? He oído rumores; el mundo está muriéndose de hambre, pero nosotros estamos bien nutridos. ¿Es cierto que el mundo trabaja duramente mientras nosotros jugamos? ¿Nos odiarán tanto por eso? He oído rumores acerca de ese odio también, muy de cuando en cuando. ¿Sabes tú por qué nos odian? Yo no, debo admitirlo. Quizá los libros nos saquen un poco de esta oscuridad, Quizá eviten que cometamos los mismos condenados y disparatados errores. No he oído que esos idiotas bastardos de tu sala [de tv] hablen de eso. [...]
- Ray Bradbury, Fahrenheit 451