Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

sábado, 21 de septiembre de 2013

El cambio

Hay veces que pienso que todos los esfuerzos que hacemos a diario para cambiar ese mundo son en vano. Se que se han ido logrando muchas cosas, me lo dice mi conciencia histórica, y sé que la lucha es larga y dura, que a veces se pierden batallas y uno se desanima y no logra levantar la cabeza, mas luego llegan los compañeros de lucha y le levanta. Soy consciente de todo ello y no pierdo la esperanza de que algún día, algún día amanecerá igual para todos.

Sin embargo, cada vez estoy más convencido de que si queremos que amanezca un mismo sol para todos, tenemos que apostar más fuerte, tenemos que empezar por desmontar piedra por piedra los cimientos de esta civilización, empezando por nosotros mismos, y volver a nacer. Desde cero, pero no vacíos. Sin ropas, desnudos, pero vestidos por dentro. Que en nuestro interior quede la huella indeleble de todos nuestros errores pasados, ya aceptados y transformados en energía regeneradora.

Tenemos que ser capaces de dar ese paso, de comenzar la deconstrucción de nuestro ser y nuestra sociedad. Vivimos atrapados en un sistema que creemos único y nos empeñamos en cambiarlo, modificarlo, corregirlo, reorientarlo, sin darnos cuenta de que damos vueltas en círculo: el sistema no da más de sí. Tiene una serie de combinaciones finitas y ninguna de ellas nos va a proporcionar ese sol que es igual para todas las personas todos los días de la vida. El paso que tenemos que dar para cambiar tiene que llevarnos fuera de ese círculo concéntrico en que vivimos, debe cruzar la línea.

Nunca me ha gustado la palabra radical. Pero cada vez estoy más convencido que el amanecer llegará con cambios, con acciones radicales. Las reglas del juego nos tienen las manos atadas, es hora de empezar a saltarse las reglas. Es hora de comenzar a deconstruir, a renacer, y ese renacimiento debemos comenzarlos dentro de cada uno de nosotros. Ése debe ser el comienzo. Que nadie piense en revoluciones, en actos de anarquía contra el sistema, en manifestaciones cargados de piedras y bombas incendiarias y ni en robos y repartos de riqueza a lo Robin Hood. Debemos comenzar el cambio en nuestro interior. Digamos no a todo lo que nos hace daño en nuestro ser y nos aleja de nuestros semejantes y de la naturaleza. El proceso de cambio comenzará a rodar cubriendo los campos como un nuevo diluvio que fertilizará la tierra y dejará únicamente hombres y mujeres desnudos, conscientes de su pasado, sin miedo al futuro, iguales todos en el presente continuo.

Encendamos la mecha en nuestro interior, y sin miedo, dejemos que el fuego vaya poco a poco saliendo de nosotros y comenzando la purificación de este maltrecho e injusto mundo.