Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

miércoles, 22 de agosto de 2012

Adios a un amigo eterno

Con mucha humildad y sonrojo, a Ray Bradbury (1920-2012), un niño que nunca creció, que alimentó mis sueños y pesadillas, y que nos recordó que la cordura y la humanidad deben estar siempre por encima de cifras, tecnología y ansias de poder. 
Mi almohada sigue siendo y será siempre un libro de cuentos.
Gracias de todo corazón.

Los padres se rascan la cabeza
estos días con el rostro extrañado,
sus hijos han apagado la tele
y han salido corriendo al campo.

Vuelven al caer la noche con flores
en su pelo sucio y ensortijado,
con los bolsillos del pantalón llenos
de lagartijas, ranas, guijarros.

Toman su cena velozmente
y salen a recorrer las calles y los patios,
no tienen miedo a la noche
gritan y corren y juegan con ojos de gato.

Y cuando papá nervioso e incrédulo
llamándoles a gritos, enfadado
sale a la noche y les jala de las orejas
y los lleva a su cama y los encierra bajo candado,

en las ventanas de los edificios
bajo cobijas y sábanas, bien resguardados,
se enciende un mar de luciérnagas
que iluminan páginas de lugares encantados.

Mamá les despierta por la mañana
y recoge las ropas que huelen a prado.
Las mira curiosa: están todas manchadas
de un polvo rojo que se pega por todos lados:

en las sábanas, en el pelo, en la ropa,
en las rosadas mejillas y en los zapatos,
en las manos pequeñas y ágiles que los niños
por ser niños no se han lavado.

Hace ya más de un mes que dura
el extraño fenómeno que tiene a todos anonadados,
las predicciones de los abuelos dicen
que seguramente durará todo el verano.

Las madres llevan los niños al médico
a los viejos, por viejos no les han escuchado.
El viejo doctor osculta pechos y mira gargantas
y en la paleta solo recoge rojo polvo pegado.

"No me diga señor doctor
que mi hijo está sano,
si sólo encuentra polvo rojo
habrá que analizarlo"

Como nadie puede decir que no a una voz de madre,
los científicos pasa horas encerrados
en fríos laboratorios asépticos el polvo rojo
es una y otra vez analizado.

Después de varios días de duro análisis
los doctores publican en la tele el resultado:
el polvo rojo no es de la tierra, viene de Marte
y cae todas las noches cubriendo ciudades y campos.

Mil hombres importantes de todo el mundo
se han reunido, están deliberando:
hay que curar a los niños, devolverles la cordura
es peligroso el polvo rojo que cubre los tejados.

Han enviado un robot sonda a Marte
para aclarar el enigma y han encontrado
a un sonriente muchacho rollizo
de piel morena y ojos dorados

que todas las noches sentando
en la orilla de un canal marciano,
sopla un cuerno mágico que envía
a las estrellas polvo rojo y sueños dorados

Y habla de ciudades y campos,
de calles, de casas de lugares mágicos
donde no existe el tiempo
y los niños hablan con voz de sabio.

El robot sonda desde la orilla del canal
ha enviado un mensaje encriptado
para los oídos de un planeta frío
moderno, calculador e informatizado.

"Escuchen esta noche a sus hijos
salgan libres a correr por los campos
abran los ojos y respiren bien hondo el polvo rojo
y vuelvan a recordar esa verdad que un día olvidaron."