Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

sábado, 5 de mayo de 2012

No place to go

Rescatada de los sótanos del blog, aquí está esta historia que comencé a escribir un día de julio del 2008 y que termino ahora.

Para mi amigo Mario.

-Bueno, ¿Subimos o no?
-Yo paso tío. Que ya no somos críos
-¿Y qué, acaso no subían nuestros padres con nosotros cuando éramos críos? Venga, así nos reímos y olvidamos lo de esta noche.
- Que no tío, yo paso, subid vosotros dos si queréis.
- Va, rajao. Tu verás.

La música a todo volumen que salía de los altavoces de la atracción les obligaba a hablar en voz alta. "El Pulpo" con sus brazos luminosos y su cara de enfado prometía unas buenas sacudidas para hacer olvidar los malos tragos. Habían cancelado el concierto. Mr. Rock 'n' Roll se había vuelto para Chicago sin más explicaciones. Vaya chasco, todo el mes esparando, la única oportunidad de sus vidas para verle en directo, y el concierto cancelado la noche antes sin ninguna explicación. Intentaban buscarle un chiste al asunto y no lo encontraban, ni los cachis de cerveza, ni los estrafalarios feriantes, ni la gente pintada y vestida de domingo, demasiado elegantes para una pequeña feria de segunda les hacía ahora encontrar lo absurdo y divertido de la noche. Montar el El pulpo loco y gritar como crios locos era lo único que quedaba.
Le entregaron las dos entradas al vendedor, la barra hizo el clic de costumbre y una sineran anunción poco después el comienzo del viaje. Léntamente el pulpo empezó a girar arrastrando en el extremo de sus brazos vestidos con luces de colores a un grupo de nerviosos viajeros, sentados por pares o tríos en las cestas metálicas, todos fuertemente agarrados a la barra de acero temerosos de salir disparados de pronto. El viento les levantaba el flequillo y se metía por debajo de las camisas de verano inchándolas como si fueran globos de tela de colores. Al fondo, el sol ocultándose naranja-rosado en el oeste, añadía una extraña luz mágica al ya de por sí estrafalario colorido de la feria.
Habían colocado el pulpo en lo alto de la colina ese año. Con cada envíte de sus brazos uno tenía la impresión de poder volar por encima de todo el pueblo diciendo adiós a sus amigos.

-¡26 años y sigo poniéndome nerviosos como si fuese a salir disparao!
-¡Sí, yo tambén, parece que cada año vaya más deprisa este chisme!
-¡Un poco más deprisa si parece que va! ¡Oeeee, rajaooooos! -Gritó saludando a otros dos amigos, que habían quedado en tierra.
- ¡Macho, esto cada vez va más deprisa! ¡Fijate en los de abajo, cási no puedo distinguir sus caras, son una mezcla de luces y colores!
- ¡Esto es la lecheeeee!
El cestillo metalico empezaba a vibrar. El pulpo, todo furia de luces y ruido de brazos hidráulicos comenzo a agitar sus brazos con rabia.
- Iiiiiiiiiiiiiiiaaaaaaaaaaaaaaa
Se oyó un chasquido metálico y electrico y el cesto metálico salió disparado hacia las estrellas. Los dos amigos que había quedado en tierra, observando la máquina enloquecida se quedaron boquiaviertos mientras veían como el cesto en el que iban sentados sus dos amigos salía volando camino del rosado sol del atardecer dejando tras de sí una estela de chispas eléctricas y convirtiendo se de repente en un enorme chispazo blanco.
El brillo les cegó. Cuando recuperaron la vista, no había nada en el horizonte. El cielo del atardecer estaba limpio, sólo la pálida luz de la luna menguante parecía romper el azul marino del fondo. El pulpo detuvo lentamente su eloquecido baile. Los viajeros comenzaron a salir nerviosos de la atracción mientras observaban de reojo el brazo mulitiado de la atracción. Un grupo de curiosos se congregaba ahora alrededor de la atracción, el feriante, nervioso comenzó a caminar hacia el borde de la colina, hacia el barranco de daba a las vías del tren, seguido por los dos amigos, y una multitud de curiosos incrédulos y asustados.
En el borde de la colina no había nada. Aguien trajo unas linternas, miraron entre los arbustos, bajaron por el barranco hasta las vías del tren. Nada. No había ni rasto del cestillo metálico y sus dos ocupantes. Todo el mundo les vio salir disparados, pero nadie estaba seguro de que pasó después del chispazo blanco. Horas más tarde, la luz del amanecer tampoco arrojó nuevos hayazgos.

-Oooooaaaaaaaaaa
Sintieron el terrible impacto y el chirrido del cestillo de metal al deslizarse a cien por hora por el suelo. Cuando por fin se detuvo, seguían agarrados con fuerza a la barra metálica, con los pelos peinados hacia atras y el rostro pálido. Una vez se les pasó la impresión, Mario estendió la mano y consiguió soltar el seguro de la barra. Los dos amigos se levantaron tambaleándose. De pié, junto al cestillo humeante del pulpo, miraron perplejos al frente. Un helado viento les limpiaba el rostro. Ante ellos brillaban las luces de una gran avenida en una gran ciudad.

-You asshole, get out of there! -Un coche pasó a toda velocidad a su lado pitando y con un tipo enfadado gritando por la ventanilla, y tras el, otro, y otro, y otro, todo un mar de coches enfadados pasaban tocando el clacson a toda velocidad, esquivando el cestillo del pulpo y sus dos atónitos pasajeros.
Esquivando el espeso tráfico, consguieron llegar a una de las aceras de la enorme avenida. No daban crédito a sus ojos.
-¿Ese tipo nos gritó algo en inglés?
-Sí, nos llamó gilipollas.
-Pero como...
-Montamos en un pulpo tan potente que hemos cruzado el canal de la mancha, o el atlántico, o...
-Sí, ya, o cruzamos el centro de la tierra hasta las antípodas.
-Te lo puedes tomar a chiste, pero esto no es nuestro pueblo.
-Alomejor es nuestro pueblo en el futuro. O a lo mejor estamos muertos y es algún tipo de Cielo...
-Es la ostia.
-No, tampoco.
-¿Y si preguntamos?- Se dieron media vuelta. La gente caminaba con prisa por la acera. Blancos, negros, orientales, toda una mezcla de razas. En grupos, en pandillas,... Paró a uno hombre con gabardina que caminaba algo más despacio que el resto.
-Perdone, me puede decir dónde...
-Sorry, I don't understand you. Are you spanish? Español? Sorry, I don't speak spanish. -El tipo continuó su camino sin prestar más antención.
-Ladedios. Este también habla inglés.
-Paremos a otro. Perdone, esto, excuse, could you...

La gente caminaba metida en sus asuntos sin prestarles atención. Optaron por caminar calle alante. Estuviesen donde estuviese, se hablaba inglés. Los letreros luminosos de los locales, los anuncios pegados en las farolas, los anuncios en las paredes y escaparates, todo estaba en inglés.
Dedicieron entrar en un bar. Era el típico bar americano que habían visto en las películas, barra enorme, billar, y un pequeño escenario al fondo.
En la barra, un camarero negro, gordo, con barba una camisa a cuadros y peto vaquero, frotaba la barra despreocupadamete. Miró de reojo a los dos jóvenes y continuó absorto en sus asuntos.
-Eh... Hello ¿Do you understand me?- dijo uno
- Sure, What are you having? A beer? Or are you under age? Ah, then it would be... a glass of hot milk yeah..
Los dos amigos se quedaron estrañados, callados, sin saber que contestar. Le habían entendido, ese no era el problema. El problema era que el tipo hablaba inglés y que parecían perdidos en medio de alguna de esas películas americanas en un bar de negros en el Bronx...
-Sorry. I didn't mean to scare you. I'm having a bad day. Where are you from?
-Where're from... from Spain.
-Spain? Yeah, you speak like Joe Joe... and old friend of mine. You mean, Spain, Spain? Or Mexico?
-Yes, we're from, Spain, Europe.
-Then you're the first I've ever met. And, I know it's not of my business, but, what are you doing here?
-We are... having a walk. We're tourists.
-Tourists? Well boys, then you must enjoy risk sports, because you know, it ain't much safe walking down this streets. You'd better get a taxit downtown before someone assaults you.
-Ah... Yes. I, I guess we're lost. Can you tell us where we are?
-On 52nd and 3rd street. At Nadine's, best rock 'n roll bar in town.
-Yes... but... Witch town is this?
-Witch what...? jajaja. C'mon. You're really lost. Have you been smoking? No? Drinking hard? Men you look like you've just landed here!
Los dos chicos se miraron de nuevo sin saber que contestarle al barman. La conversación parecía que no iba ninguna parte y estaban demasiado nevisosos como para buscar una salida rápida. Empezaban a sudar y seguro que estaban bien pálidos.
-Ok boys, don't worry. Sit down and rest for a while. You look really scared. What are you having?
-Two beers.
El camarero se dio media vuelta y en unos segundos les sirvió dos espumosas Budweiser.
-Here you are.
-Can we sit down there... at the table?
-Sure.
-Thank you.

Se sentaron en una mesa solitaria del bar. No había mucha gente, parecían los típicos parroquianos de a diario. El bar, era todo un retal de la cultura típica americana que tantas veces habían visto en películas y series de televisión: paredes de ladrillo visto, luces bajas, letreros de neón en las paredes anunciando cervezas, fotos de artístas y viejos carteles de conciertos, discos de vinilo convertidos en decoración pegados por las paredes. Al fondo, había un escenario en el que alguna vez se habría subido alguna vieja gloria.
-¿Y ahora que hacemos?
-Tomar la cerveza y esperar.
-¿Esperar, a qué? ¿A que se me pase la borrachera y despierte en mi cama? Macho, esto no es ningún sueño. Estamos perdidos en una ciudad de algún rincón de Estados Unidos, no tenemos ni puñetera idea de cómo hemos llegado aquí, bueno, en realidad si la tenamos, pero si se la explicamos a alguien nos manda de una al manicomio, y cuando nos acabemos las cervezas, no quiero ni pensar lo que hará el barman ese cuando le intentes pagar con Euros.
-Tranquilo, tranquilo. Además, ¿Por qué le tengo que pagar yo?
-Yo pagué las entradas del pulpo, ¿recuerdas?

Mientras discutían, el bar se había ido llenando de gente. Estaba ya más o menos completo, gente de distinta condición social había ido llenando las mesas dispersas delante del escenario. No eran sólo parroquianos de color como los que vieron al entrar, era un público mucho más diverso, personas no habrían acabado en un bar así por casualidad.
Se habían encedido luces ténues en el escenario y un par de tipos caminaban afanados comprobando cables y micrófonos. Ahora podía ver que todo estaba preparado para un concierto.
-Bueno mira, por lo menos vamos a disfrutar de un buen concierto de blues o algo parecido.
-A mi el blues me cansa.
-Venga tío, déjate llevar, olvídate por media hora del maldito pulpo y de que no sabes donde estás y todo eso...

Intentaba mantener el optimismo de su amigo, pero el no podía escapar tan fácimente de la cruda realidad. No estaba leyendo una novela, no estaba inventándose una de sus historias para colgar en el blog. Esto le estaba sucediendo ahí y ahora, era tan real como la vida misma, sentía el olor a tabaco, la fría cerveza en sus manos, la ténue música rock en sus oídos, el frío sudor que le corria por la espalda dicéndole que no era ninguna maldita pesadilla. Su mente se había bloqueado en un "¿y ahora, y ahora, y si, y si, cómo, cómo, como....?" Miró a su amigo de la infancia. Estaba tan tranquilo, miraba a su alrededor, sorbía cerveza, movía el tacón al ritmo de la música.
De pronto, se encendieron las luces del escenario, alguien cortó el hilo musical y el bar quedó casi en completo silencio, todos espectantes, a que apareciese algún gurú mágico del blues-rock. cuatro tipos aparecieron por el escenario: batería, bajo, piano, guitarra rítmica, y tras ellos...
-¡¡¡¡Ladedios!!!
La gente aplaudía y los dos amigos, como de piedra, se habían quedado con las manos clavadas en los bordes de la mesa y los ojos abiertos como plantos. Sobre el escenario, sonriente, Mr. Rock 'n' roll en persona, saludaba al público y sin decir ni media palabra hacía salir de su guitarra el riff de Johnny B. Goode. La gente aullaba.

Fue prácticamente una hora de magia. Chuck Berry desenfundó, y sin pausa fue destilando buen rock 'n' roll de los viejos tiempos. Como un vino añejo recién descorchado, una tras otra, aquellas canciones tomaban vida hacían a la gente olvidarse de todos sus problemas diarios: Carol, Little quinnie, Sweet little rock 'n' roller, No place to go, Back in the USA, Sweet little sixteen, School Days... Los dos amgios brincaban en sus sillas de emoción.
-Es la leche, es la lecheeeeee.
Cuando se dieron cuenta, estaban pegados al escenario con silla, mesas y todo. Les había arrastrado la emoción, miradas de reojo del resto de públio les decían que seguramente a su paso habían empujado o golpeado a alguna que otra persona, pero a fin de cuentas, ni a ellos ni a nadie le importaba de verdad: tocaba Mr. Rock 'n' roll.
Comenzó a sonar You Never Can Tell. La gente se levantaba de sus asientos, bailaba. Alguien tiró de un brazo de cada uno de los dos chicos y les arrastró a la pista de baile.
-Now is time to dance! -Era el barman, les había levantado de la mesa y conseguido pareja para bailar y hacer cada uno su ridículo número a lo Pulp Fiction. Nada importaba, no había verguenza. Ahora brincaban al ritmo de Maybellene.

-Are you having fun!
-Yeah!!!!
-Do you wanna rock?
-Yeah!!!
Chuck Berry saludaba así al público enloquecido, que casi se trepaba al escenario.
-Ok, now, you have to... sing-a-long!
El viejo rockero animó a subir al escenario a media docena de personas. Los dos amigos se colaron entre los elegidos, ahí estaban, al lado de Mr. Rock 'n' roll cantando My Ding a ling.
-So long, folks!!!
Comenzó a sonar el riff de Roll Over Beethoven. Todo el mundo brincaba y bailaba por el escenario y el bar. El viejo roquero, a pesar de sus ochenta y pico años, parecía estar a punto de empezar a arder con la rabia de la juventud, haciendo más y más juegos y solos interminables con la guitarra.
-Macho, parece Hendirx.
-Es mil veces mejor que Hendrix.
 Realmente, parecía en loquecido.Daba vueltas y vueltas por el escenario en un interminable solo de guitarra que empezaba a sonar estridente. La gente se empezó a apartar, haciendo un semicírculo entorno al rockero. La tensión crecía. Los dos amigos, conejados por el climax, estaban atrapados entre el amplificador y la guitarra de Chuck Berry que parecía a punto de empezar a arder.

La última nota fue como una explosión atómica. El amplificador reventó haciendo saltar a la gente para atrás, el bar se quedó a oscuras y en silencio, recorrido por una suave corriente de aire con sabor electromagnético. La gente empezaba levantarse en la oscuridad mururando. Finalmente alguien volvió a conectar los plomos. Las personas se sacudían la ropa y se cercioraban de que no estaban heridas mientras ayudaban a colocar las mesas y las sillas en su lugar. Los músicos de la banda, aturudidos, ayudaban a un anciano Chuck Berry a sentarse en una silla y tomar un baso de agua fría. Parecía que no le había pasado nada. En la esquina izquierda del escenario, una mancha negra y humentan se entoncraba ahora en el lugar donde antes estuviese el amplificador. No había ni rastro de los dos amigos. Nadie parecía percatarse de ello, salvo el barman, que en silencio, miro quedo el escenario durante unos segundos y luego hizo un gesto de desinterés con la cabeza y comenzó a limpar la barra. La gente se hacercaba al viejo rockero para despedirse, se colocaba sus abrigos y salía de regreso a la calle, al rudio, a sus vidas.
Nadine's apagó su letrero a las 11:50. El barman, con sus manos en sus bolsillos, aganchando la cabeza por el frio, caminó presuroso hacia su casa. En la esquina, un borracho con gabardina raida, miraba impotente su botella vacía, mientras dos gatos se peleaban entre los cubos de basura.
El camión recolector se detuvo en la acera a eso de las 5 de la mañana. Otro camión pasaba repartiendo los primeros ejemplares del Chicago Tribune. Mientras dos basureros vacían los cubos basura, el conductor del camión miraba extrañado un pequeño vagón de metal chamuscado con apagadas luces de colores que habían arrinconado junto a la acera. En las borrosas letras que él no pudo entender se leía: "Pulpito Loco".

1 comentario:

Mario dijo...

Me ha gtustado mucho. Es nostálgico y a la vez entrañable. Me ha hecho rememorar buenos recuerdos. Gracias por acordarte de mí.
Un abrazo.