Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

martes, 1 de noviembre de 2011

Desmontando la crisis

En mi país todo el mundo (quizá todo sea demasiado, pues la mitad del país está a punto de tirar fuegos artificales) está almardo porque va a ganar la derecha. ¡Nos van a recortar todo! Y verdad no les falta. Eso es lo que trae el futuro próximo. España funciona así: si las cosas van mal, votamos a la oposición, independientemente de quién esté en la oposición. Y a veces comentemos actos de masoquismo, como el del próximo 20 de noviembre. No me gustan los recortes, así que voy a votar al que vende podadoras mecánicas.
Nunca entenderé semejantes irracionalidades.

De todos modos, igual me da X que Y. La única solucción es cambiar de ciencia, y dejar de pensar en números. Cambiar la partitura, como decía una de las pocas mentes preclaras, conscientes, y dignas de mi país. Y mientras eso no suceda, nada. No cambiará nada.

Yo el otro día hablaba con un familiar y le proponía una receta contra la crisis. Quizá sea un poco loca, pero creo que es la única: seguir a San Franciso, por lo menos en "doctrina económica". San Francisco decía "Deseo poco, y lo poco que deseo lo deseo poco".
Apliquen esa máxima en la vida actual.

Saquen el dinero de los bancos. No pidan préstamos ni créditos a las instituciones financieras, pídanselo a sus familiares y amigos, como me cuentan que hacen los chinos. No se hipotequen de por vida en un piso, paguen un alquiler, compartan piso, o háganse ocupas.
Desháganse de todos los trastos inservibles: nadie necesita tres televisores en casa, el último modelo de celular que hace-de-todo, dos automóviles, ropa de moda,... Todas son cosas supérfluas. Comprese un patalón bueno que dure varios años, venda el coche y use el trasnporte público, si le toca esperar en la parada, lea un libro, y no se preocupe si su televisor no es de pantalla plana, es un televisor al fin ya al cabo.
Si no puede irse de vacaciones 15 días, cambie de plan. Coja mochila y bocata de chorizo y váyase a pasar el domingo al monte. O en lugar de pagar hotel o casa rural, ocupe la vivienda de ese pariente que vive en la costa al que hace tanto que no visita.

Son sólo algunos ejemplos. No se si cogen la idea. Es simplemente, ir rompiendo poco a poco con las ataduras del sistema. Es, recapacitar y darse cuenta de que nosotros sí podemos vivir sin el sistema. Es el sistema el que no puede vivir si nosotros. De nada sirve un gran banco multinacional si nadie deposita su dinero (su fe, su vida) en él. De nada sirve un complejo hotelero cinco estrellas si nadie lo ocupa. De nada sirven 10 millones de televisiones de pantalla plana si nadie las compra.

De nada sirven unas elecciones si nade va a votar (o vota en blanco)

La elección es nuestra, está en nuestra mano. Levantémonos de nuestros cómodos sillones-retrete, y pongamos algo de nuestra parte por cambiar nuestras vidas. ¿O será que en el fondo nos gusta tanto el sistema que no queremos cambiar?

2 comentarios:

Kiko dijo...

Ojalá fuera tan fácil. Eso suena bien como reclamo para una secta-comuna hippie de los 60.
La codicia y aspiraciones personales las solemos anteponer a todo, va en la propia naturaleza humana.
A veces nos empeñamos en mostrarnos demasiado racionales, intentando desmarcarnos de nuestra naturaleza animal, olvidándonos de que poco nos separa de un chimpancé que ansía su plátano, su palmera y tres buenas hembras.

@lvaro dijo...

Alomejor es parte de mi morriña por haberme perdido Woodstock. Pero no lo creo.
Realmente hay otras opciones de vida. Entre el ritmo de vida actual e irse a una isla a berber agua de coco y ver como pasa la vida, hay otras opciones. No hay porqué irse a los extremos.
Se puede cambiar, sí. Sólo hay que proponérselo.

Por ejemplo, empecemos por votar en blanco.
Creo que lo único que tenemos es miedo (y egoismo, que es más o menos lo mismo)