Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

miércoles, 10 de febrero de 2010

En mi interior

Llevo en mi interior el aire, el sabor y el olor delugares en que andé, con pies descalzos, con gastadas suelas de zapatos sufridos, que bajo el betún guardan lluvias y arenas, como guardo yo bajo mi piel alegrías y penas.

Las huellas que un día dejé en la playa y la arena, las borró el mar eterno. Mas en mi alma quedaron grabadas: las veo y las siento, recordándome lo que soy y seré, lo que siento. Una brisa que me enmaraña dúlcemente el cabello. Brisa de días de sol, brisa libre y delicada también, que a través de los años y el recuerdo sopla diciendo: "No me entierres, yo soy tu futuro tus sueños". Vidas que viví, agradables recuerdos, marcas en mi alma que no borrará el pasar del tiempo. Encuentro en ellas la alegría y el beso, la fuerza para continuar avanzando hacia un día nuevo.

También lleva mi alma otras huellas; son éstas huellas de no grato recuerdo. Huellas que no borró el mar ni se las llevó el viento. Estáticas y tristes se alazan, las veo con ojos abiertos. Y escuecen y arden como yagas, cuando lloro por dentro.
Me digo que el llanto y el perdón -quizá el tiempo- cerrará las heridas, mas sé que solo el viento y la distancia me pueden traer consuelo -y a otros perdón- pues ni calma ni perdón se logran estando y siendo, sino viviendo.

Es la vida, la vida nueva, esa que nace después de haber nacido, esa que uno va escribiendo, con lápiz de alegrías y penas, nuestro único consuelo, el válsamo para las heridas abiertas, y la risa de nuevas alegrías, que vendrán con un día nuevo.