Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

domingo, 21 de febrero de 2010

Where Have All The Flowers Gone

Hace ya más de una década, Pete Seeger publicó un gordo libro, Where Have All The Flowers Gone, en el cual recogía la música y letras de muchas de las canciones que había escrito a lo largo de su vida, o que, había recogido, arreglado, adaptado, popularizado... Lo más interesante de este volumen, al menos para mí, que no leo música ni toco ningún instrumento, es que escapa las barreras de un típico cancionero para configurarse más o menos en una autobiografía musical del propio Pete Seeger.
Me explico. A lo largo de las 300 páginas de este libro de tamaño album, Seeger ofrece la partitura, las letras, a veces acordes, de más de 200 canciones. Se incluyen también anotaciones didácticas sobre cómo interpretar una u otra canción, como animar un espectáculo para niños, y otras directrices para el músico profesional o aficionado; y además, enmarcándolo todo un montón de notas, comentarios, anécdotas en las que el músico americano cuenta al lector dónde encontró inspiración para una canción o una melodía, qué pasaba por su vida cuando compuso esta o aquella canción, así como vivívidos comentarios en torno a la vida, el ser humano, la tierra, el sentimiento y la necesidad de compartir y abrir nuestras comunidades humanas fortaleciendo los lazos entre ellas. Temas, todos estos, siempre presentes en la obra musical de Seeger.
Todo ello, hace de este libro una pequeña joya que seguro disfrutarán todos, sepan o no música.

De entre todo lo que podido leer en este libro, al que seguro volveré una y otra vez en días futuros, lo que más ronda ahora por mi cabeza es la concepción que tiene Pete Seeger del copyright y la originalidad de un autor. ¿Cuánto hay de original en una canción, en un poema, en una película? En alguna página del libro, creo haber leído que realmente no existen verdaderos artístas totalmente originales, pues todo el mundo se inspira en alguien, todos copiamos al vecino, modificamos lo que se hizo antes de que nosotros llegásemos aquí, y así seguirá siendo. En la musica, en la ciencia, y en las demás artes. El ser humano roba constantemente a sus semejantes, y son, estos pequeños hurtos, los que marcan el progreso.
Así, Pete Seeger, como otros tantos folkloristas, usa para sus canciones textos que leyó en un periódico, fragmentos de la biblia, melodías de temas tradicionales,... Y no tienen ningún reparo en cambiar la letra a una canción ya conocida, o añadirle algunos versos extra. Pero, además, urge a las demás personas que se sientan atraídas por su música, a que creen música, a que arreglen de nuevo las canciones que él ha creado, si no les gusta la forma en que el las interpreta, a que escriban nuevas letras o mejoren las que él a escrito.
Dice el autor, que ha dicho a sus respectivos guardianes de los derechos de autor de sus canciones que permitan a la gente cantarlas con libertad, incluso camibiarles las letra -siempre que la nueva letra no sea estúpida u ofensiva- y que sólo les pida derechos a la hora de grabarlas. Incluso llega a decir, que, si alguien quiere sacar copias de alguna de las partituras incluídas en el libro, para ampliarlas, para repartir a sus amigos y familiares y así poder ensayar juntos, ¡que lo haga!, que fotocopie la o las canciones que le interesen.
Aplausos para el Sr. Seeger. En un momento, en el que al menos en España, parece que está prohibido hasta cantar en la ducha, salvo pena de tener que pagar derechos de autor, el que un "creador" del peso de Pete Seeger diga esto en su libro, es una bocanada de aire fresco. Pues, ¿cómo si no van a propagarse las canciones, la música, la poesía, si no es a través del aire, de boca en boca, cruzando mares y montañas? Practicamente ninguna de las canciones de Pete Seeger ha llegado a lo alto de la lista de ventas, y sin embargo, muchas de ellas son ya conocidas en prácticamente todo el mundo.
La cultura es libre. Cópiala, arréglala, transfórmala. Pero no olvides de cirtar siempre y dar crédito al que corresponde, y si obitienes algún beneficio económico de tu obra-derivada-de otros, o con la canción de otros, haz que parte de ese beneficio llegue a ellos. Me admiro y emociono cuando leo cómo Pete Seeger ha gastado tiempo -incluso años- buscando a algunas personas en las que se inspiró para algunas de sus canciones, de manera que les pueda dar a ellas parte del dinero que gana como autor de una u otra canción.
Así por ejemplo, aceptó registrar bajo su nombre y el de otros compañeros, la mítica canción We Shall Overcome, a la que el y otros dieron forma en los años 50, sólo a cambio de que las ganacias de los derechos de la canción fuesen a parar a una organización que lucha por la eliminación de los prejuicios raciales. O el caso de la famosa Guantanamera, que todos conocemos hoy día gracias a que Seeger la arregló y la popularizó hace 40 o 50 años; cuando leo las vueltas que ha dado para que todas y cada una de las personas que participaron en la creación de la canción figuren como autores en el copyright de la misma, y como el dinero que él obtiene de la autoría lo guarda en un banco de Manhantan, para enviarlo en el futuro a los descendientes de José Martí, y demás familia en Cuba, pues el embargo al que Estados Unidos somete a Cuba le impide enviarlo hoy día, cuando leo como trabajo para localizar en Sudáfrica a Solomon Linda, el autor de la mítica Wimoweb, para que este reciba los derechos de la canción, cuando leo todo esto, la verdad es que no puedo dejar de emocionarme.

Todo esto es amor al arte, a la música, al Ser Humano. Por encima de vanidades, orgullo, dinero. Justicia y amor. Y humildad. Grandes dosis de humildad y reverencia.
Así que ya saben. Canten, copien, escriban. No olviden dar el crédito a quien se lo merezcan, y sigan pasando la cultura de unos a otros.
Tras varios años agotado, el libro ha vuelto a ser reeditado, esta vez en una nueva edición revisada y ampliada. Se puede adquirir en la web de Sing Out! y otras tiendas usuales de libros.