Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

sábado, 11 de abril de 2009

La fiesta de la chonta

Vaya día el de ayer. Todo ilusionado para irme a una fiesta tradicional, y el día no pudo empezar peor. Lloviendo. Después de la inundación del domingo, el lunes y el martes hizo buen sol, pero ayer miércoles vuelta a llover. Aquí el tiempo es así de monótono. Llueve y sale el sol, llueve y sale el sol.
La lluvia en si no es mala, pero suele aguar los eventos sociales. Y aguó la fiesta de ayer, aunque más que la lluvia fueron los moscones politiqueros de este país. Y es que aquí estamos en campaña política de elecciones generales y locales y aprovechan cualquier rato para hacer propaganda.
Pero volvamos a la fiesta. Por estas fechas es típico beber jugo de chontarduro, el fruto del árbol de la chonta, del que también se saca madera, y de ahí el nombre de la fiesta que los cofanes, una de las cinco nacionalidades indígenas de la provincia, celebra por estas fechas. El profe cofán que trabaja en el colegio invitó a todo el claustro a la fiesta, aunque al final sólo asistimos dos: la profesora de kichwa y el que escribe. La lluvia u otros compromisos echaron para atrás al resto, y es que con tanta semana santa, unos se van de misiones evangelizadoras y otros a sus casitas a descansar y nadie de fuera se apunta a estas fiestas tradicionales.
La invitación fue a la comunidad cofán Dureno, que está a una media hora en bus de Lago Agrio, a orillas de río Aguarico. Para entrar en la comunidad hay que cruzar el río en canoa, otra forma no hay. Es una comuna bastante grande, y en la que, a pesar de la influencia de los colonos, han conseguido mantener cierto equilibrio entre la tradición y la modernidad. Las casas siguen siendo de estilo tradicional, pero tiene ya techumbre de cinc en lugar de paja y ya llega la electricidad a las casas. Por otro lado, sus leyes invitan a la preservación de la cultura cofán que como el de resto de pueblos de la Amazonía está en peligro de desaparición al diluirse con la cultura occidental. En Dureno sólo pueden vivir aquellos que sean cofanes, si se casan con alguien que no lo sea, debe dejar la comuna, por ejemplo. También me gustó mucho ver ayer cómo los niños siguen hablando su propia lengua en lugar del castellano.
La gente en estas comunas vive principalmente del campo, de la caza, y de la venta de artesanías, aunque también empieza a haber gente mejor acomodada: maestros y funcionarios de las diferentes organizaciones indígenas. Sigue siendo gente muy sencilla y amable, que enseguida acoge a uno en su casa y le brinda un vaso de chicha y algo de agua para que se lave (ayer con la lluvia, acabamos todo embarrados al curzar el río) Me hizo ilusión ver a varios de los estudiantes del colegio que viven en Dureno, ver cómo son sus casas, como viven en su comuna. Ahora entiendo porqué algunos no quieren irse del internado. Para ellos esto es un hotel de lujo. Sus casas son de madera, de uno dos pisos, con espacios grandes, sin baño… en fin, tampoco es que me sorprendiese mucho, pero cuando uno conoce lo otro, es fácil que elija lo cómodo. Si algo me llama enormemente la atención del modo de vida de estas gentes sencillas es su tranquilidad, su conformidad con lo que tienen y el respeto a la naturaleza. Puede que conozcan las comodidades de la vida moderna en la ciudad, pero sólo las dejan entrar hasta cierto punto en su comunidad. Saben donde parar. Saben qué es necesario qué es superfluo. Somos los que venimos de fuera, sobre todo aquellos que no se quedan el tiempo suficiente para compartir con ellos, los que nos alarmamos y les vendemos necesidades innecesarias.
Son gente además muy tranquila, que no tiene prisa. Y de ahí que con la lluvia, todo se ralentizase y la fiesta no empezase hasta después de almuerzo, que como excepción por ser día de fiesta, fue copioso: arroz, yuca, plátano verde cocinado, y carne de caza bien sabrosa. Luego debía comenzar ya la fiesta, pero por desgracia, si algo malo de la civilización ha picado ya a las gentes sencillas es la burocracia y el protocolo, y así en mil y un discursos y presentaciones, se alargó y alargó el comienzo de la fiesta. Y para el colmo llegaron los moscones políticos a hacer campaña, empañando del todo lo que hubiese sido una fiesta tradicional sin más fin que el de compartir un día juntos y mostrar la cultura cofán a propios y extraños, algo a lo que todos los pueblos tienen derecho por ser pueblos, sin que nadie lo politice por una razón u otra.
El caso es que recién comenzada la fiesta, tocó ya irse para no perder el bus de regreso a Lago. Me quedé con mal sabor de boca, pero al menos conocí un poquito más de los lugares y las gentes de este país, y quedó la promesa de regresar, de visitar otras comunidades, espero que la próxima vez, con mejor fortuna.