Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

miércoles, 2 de julio de 2008

Tom Pacheco - Woodstock Winter (1997)

Debería haber dejado este disco para el invierno. Por el título, la portada, los temas de algunas de las canciones, y ese airea cogedor y cálidos que se respira al escucharlo. Sin embargo, quería arroja un poco de luz sobre la figura de este poco conocido cantante folk norteamericano, y este es el único disco de él que tengo. Por suerte, es una obra maestra.
Leí el nombre de Tom Pacheco por primera vez en un CD tributo a Pete Seeger, pero fue un amigo quien despertó mi curiosidad e interés por el artista haciéndome escuchar algunas canciones en CDBaby en una de esas en que ninguno de los dos sabía qué hacer.
Lo primero que me atrapa de Tom Pacheco es esa voz cálida y sincera, con sabor añejo como el de los viejos cuentacuentos, y también el corazón acústico -folk- de su música. Luego el oido se detiene en las letras de sus canciones: historias de gentes sencillas que cualquiera nos podríamos encontrar por la calle, canciones de amor escritas desde el corazón, pequeños retales de historias personales, guiños a héroes y personajes de tiempos pasados.
Tom Pacheo es uno de esos artistas echos con un molde artesanal que no se dejan modificar y comercializar por los productores de artículos sonoros en masa. Él es consciente, creo, de que eso mataría su música. Y la música es lo que importa.
Lanzo aquí esta red musical con la esperanza de que os atrape a mitad del camino como me sucedió a mi.

Lo sagrado (The Sacred) - Tom Pacheco

Un trabajo en la compañía con un sueldo muy alto,
dirías que lo tenía todo:

una casa de doce habitaciones con Renoirs en las paredes,

una pisciscina grande y un Cadillac
vacaciones en Aspen y en Sevilla.

Relog Rolex puro oro en su muñeca,

cartera llena de targetas de crédito,

dos caniches rosas y un san bernardo.

Pero un gran agujero llenaba su alma

Actuaba de manera extraña, dicen sus amigos.
Un día dejó su vida y se fue lejos.


Y cruzó montañas

A través de Tierras Sagradas

Buscándole un sentido

al plan maestro

en un templo budista
en el Vaticano

hasta que encontró lo sagrado

en un grano de arena.


Pasó seis meses con los Iroqueses

Allí extendió sus brazos alrededor de un árbol
y su corazón se llenó de fuerza y energía

En París aprendió a pintar
En la India a respirar

En Bosnia rezó por la sensatez.


Y cruzó montañas...


Ahora vive en un pueblo de Paraguay

Donde los ángeles y los espíritus moran
Camina una milla para sacar agua de un pozo

Todas las noches observa las estrellas

Hay una sonrisa de tranquilidad en su rostro

El dulce viento sopla a través de los cañizales.

Y cruzó montañas...

Página web de Tom Pachecho
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