Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

viernes, 21 de julio de 2006

Eco-aldea

El sábado pasad subí por fin hasta Matavenero, un pueblo abandonado de la provincia de León que ha sido repoblado por los integrantes del grupo Arco Iris, unos nuevos "hipies" como les llaman la gente de por aquí.

El paseo es realmente agradable y bonito si escogéis claro esta la ruta clásica que va desde la localidad berciana de San Facundo (Municipio de Torre del Bierzo) hasta Matavenero. Se la conoce como ruta del Pozo de las Ollas porque por el camino, uno de los principales atractivos es una peculiar y curiosa formación rocosa con forma de olla en el lecho del río. Un capricho de la naturaleza digno de ver. Pero empecemos el camino por el principio, como siempre se hace.

El pueblo de San Facundo tiene ya su encanto. Un lugar apacible, y sobre todo muy fresco, pues se encuentra en un valle cerrado y frondoso. Un pueblo apacible para ir a comer o merendar al aire libre o para refrescarse en la piscina fluvial que han hecho.

En San Facundo se coge un camino sombreado que sube por encima de la presa de hormigón (merece la pena la vista y el contraste naturaleza-hombre) que abastece de agua a Bembibre. El camino sigue por el bosque cruzando artesanales puentes de madera (cudiao donde pisáis...) hasta llegar a un alto desde el que se divisa esa curiosa formación en la roca del río que se conoce como Pozo de las Ollas. Se puede optar por bajar a la orilla y zambullirse, o continuar camino hacia Matavenero. Siguiendo camino la primera parada es Poibueno, el pueblo gemelo de Matavenero, aunque este sigue hoy día abandonado y lo único que queda en pie que se pueda distinguir bien es la arruinada iglesia. Creo que hubo una vez un monasterio en este lugar, y quizá el tipo de construcción utilizado en la iglesia (con una torre en un lateral, en lugar de la espadaña central característica de las iglesias de estos pueblos) responda a este motivo. Desde Poibueno comenzamos la ascensión hacia Matavenero. Según subimos divisamos ya algunas de las curiosas reconstrucciones de viejas casas que han realizado los nuevos vecinos del pueblo. Cuando por fin llegamos a Matavenero, nada nos indica que estemos en un pueblo que permaneciese abandonado durante años, tampoco nada que indique la peculiaridad de sus habitantes, salvo algún tipie que otro. Pero según nos adentramos en el pueblo, nos encontramos con gentes y construcciones, y ilustrativos letreros con normas y recomendaciones que nos indican que estamos en lo que se ha llamado “Eco-village”.

No voy a entrar aquí en detalles sobre cómo llegar hasta el pueblo, o sobre cómo se repobló, sobre sus normas, etcétera. Todo eso lo podéis encontrar en otras páginas web como en este artículo de El País

O en la página web del pueblo: www.matavenero.com

Después de volver de la excursión, me quedé pensativo, preguntándome no tanto las razones que hayan podido llevar a estas personas a abandonar las vidas que llevasen e instalarse en el pueblo, sino la posible finalidad de dicho pueblo, qué se espera de el, qué esperan sus habitantes. Me refiero principalmente al hecho de que el pueblo no es una alternativa total al modo de vida de nuestra sociedad, al menos en lo que se refiere a la constitución de algo totalmente independiente y autosuficiente.

Los habitantes de Matavenero viven apartados de la civilización, sí, pero también unidos a esta, ya que dependen de ella para conseguir alimentos, materiales, y otras necesidades. Esto me hace pensar que, quizá no sea necesario apartarse así de la sociedad, de las ciudades con sus ruidos y sus humos, sino, que quizá sea mejor trabajar para hacer de nuestras ciudades y pueblo lugares más limpios y habitables, lugares más agradables. Si lo que nos molesta son los humos, la contaminación, hay ya un montón de ideas y proyectos para reducir la contaminación. Si lo que nos molesta el ritmo de vida frenético, las normas que a veces no entendemos o no compartimos, siempre podemos trabajar para encontrar maneras de modificar nuestro modo de vida de modo que este sea más llevadero, siempre podemos encontrar formas de participación que redunden en normas que nos parezcan más justas y lógicas a todos.

Se que esto parece un poco utópico, y que ante tales problemas lo más sencillo parece ser la alternativa de buscar un sito alejado y olvidado y vivir más o menos al margen, pero, yo creo que la solución está en plantar cara a la situación en que vivimos y decir: “No, no me gusta como están las cosas, pero no voy a doblegarme ante algo que considero injusto, ni tampoco voy a huir de ello. Voy a plantar cara al problema y buscar una alternativa sin tirar por la borda todo lo que tengo”

Es difícil, pero creo que si empezamos a tomarnos en serio términos que a todos nos suenan, como “desarrollo sostenible”, si eliminamos ciertas máximas por las que se rige nuestra sociedad, como esa de “máximo beneficio al mínimo coste posible”, si hacemos de la palabra Compartir la base de nuestras vidas, entonces conseguiremos esa vida más tranquila y saludable que todos buscamos. Y sin necesidad de irse a vivir a mitad del monte.

Parece utópico pero si todos, poco a poco, comenzamos a trabajar en ello, lo lograremos. Quizá no para nosotros mismos, pero sí para las generaciones venideras. No sólo hay que pensar en nosotros y en acciones que tengan sus resultados ya, sino también en el futuro. ¿Qué hubiese sido de nosotros si los hombres y mujeres que nos precedieron no hubiesen trabajado por mejorar el mundo en que vivían y por dejar algo a sus sucesores?

Por si os gusta la montaña, el senderismo, las excursiones, aquí teneis la página, aunque sin actualizar, de la Peña de Montañeros Gistredo de Bembibre

2 comentarios:

Kiko dijo...

La gente escoge su propio modo y lugar de vida, unos la ciudad, otros un pueblo, otros el mismo corazón del monte...
Pero uno de ellos no tiene porqué ser más respetuoso con el medio que otro. No nos equivoquemos, no utilicemos la raíz "eco" para referirnos a cualquiera de las acciones antrópicas; ¿qué ocurriría si de repente el hombre cambiase de mentalidad y abandonara las ciudades para crear en la naturaleza aldeas con energías renovables y sólo creando los bienes que le fueran necesarios para subsistir? Pues probablemente la naturaleza dejaría de existir tal y como la conocemos, porque no podría resistir tal presión humana. En términos sociales las "eco-aldeas" están bien como lugares en los que libremente podemos vivir según nuestros ideales, pero en téminos ecológicos sólo están bien como son ahora: un pequeño reducto con un grupo social limitado. Ojalá se mantenga así.

Anónimo dijo...

El hombre proviene de la naturaleza y a ella debe volver.
No vivir pisando asfalto y entre hormigón, que nos alejan de lo que realmente es el ser humano, de nuestra esencia..
Creo que ésta es la verdadera razón por la que la mayor parte de estas personas deciden irse al campo para vivir.
La tierra no resiste la presión cuando se la explota, pero aquí no se habla de explotarla (y menos sobreexplotarla como hacemos), sino de coger lo básico para que podamos vivir los habitantes de este planeta.
Mi opinión.
Paz :)