Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

lunes, 26 de mayo de 2014

Europedos

¿Victoria de los ciudadanos, despertar de la izquierda, resurgir fascista, fin del bipartidismo, continuismo? Todas esas palabras pueblan los titulares de prensa desde ayer a la tarde-noche, y pululan en las elucubraciones de los distintos analistas políticos en los distintos canales de televisión.
¿Tiembla Europa?

Para mí la cosa es bastante más sencilla: la gente se ha hartado de unos políticos que ya no gobiernan pensando en los ciudadanos a los que representan, si no que lo hacen para las corporaciones, para la banca internacional, que vendían el país según marcaban intereses internacionales (europeos o mundiales). ¿La solución? Votar a aquel que te promete gobernar para ti, para el pueblo, para los ciudadanos de a pié. Ese es el discurso que ha triunfado en estas elecciones: Francia para los franceses, Cataluña para los catalanes, un gobierno de y para los españoles; dejemos de vender nuestro país a la banca internacional, dejemos de orientar nuestra economía de acuerdo a unas directrices "supranacionales" que no nos benefician.

Es el triunfo del nacionalismo, pero no el del nacionalismo al uso que venimos conociendo, sino el nacionalismo de esos ciudadanos que, patriotas o no, están cansados de ver como su país se vende, se humilla ante un sistema político-económico mundial en el que no sen ven representados, que no les beneficia y que además les hace responsables de todos los problemas que él mismo ha causado.

Pero, y aquí está lo preocupante, tampoco es un resurgir de las ideologías de un signo u otro. La gente no ha votado a las izquierdas convencida de seguir un modelo socialista o comunista, la gente no ha votado a la ultraderecha convencida del discurso fascista y xenófobo de estos, no. La gente ha votado a la opción que decía lo que ellos querían oír: "Nosotros vamos a gobernar por la gente de nuestro país y para la gente de nuestro país." Este ha sido el discurso triunfador, el discurso de la izquierda en España, en Grecia, de los nacionalistas catalanes o de la utraderecha francesa. la ideología de un partido u otro a quedado en un segundo plano, tanto en la boca de aquellos que esgrimían el discurso como en el pensamiento de los ciudadanos que les han votado: que sea un fascista, es algo secundario un mal menor, siempre y cuando gobierne para nosotros.

¿Pensamiento infantil, iluso? ¿Engaño en el discurso político? No, nada de eso. Simple y llana comodidad. Buscamos nuestra propia comodidad, y no la vamos a arriesgar comprometiéndonos con una ideología, sea ésta del signo que sea. Votamos a aquel que promete satisfacer nuestras necesidades inmediatas, lo que venga después será para el que venga después.

Duele decirlo, pero las masas siguen dormidas en su conformismo, en su comodidad y egoísmo más rancio. ¿Comprometerse? No mejor, no. ¿Hacer por los demás? No, ya tengo bastante con lo mío.

PD: Gracias  a J. Cifuentes por el título de la entrada.