Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

sábado, 17 de mayo de 2014

Comer por dos

- Oye, ¿qué sabes de ella, sigue por acá, finalmente se fue afuera a trabajar?
- No, no. ¿No te enteraste? Se quedó embaraza y... Bueno, ya sabes.
- ¿Embarazada? ¿Pero cómo?
- Pues supongo que algún encuentro cariñoso con su novio, yo qué sé. Esas cosas son así.
- ¡¡Pero por qué narices en este país no usan condón!!

La última palabra de este diálogo es todavía un tabú en la sociedad ecuatoriana. Si uno la suelta en cualquier conversación, así, de forma natural, lo más seguro es que todos los presentes se pongan colorados, bajen la mirada, o les de la risa tonta.

Aún no se bien porqué existe ese pudor tan grande a hablar de sexo en público, incluso entre personas del mismo círculo social y de edad, es un tema que no se habla. Las groserías y chistes machistas al uso existe aquí como en cualquier país, como ejemplo terrible de lo que muchos entiende todavía como sexo, sin entender, tristemente, ni un ápice del asunto.

¿Es algo cultural, que atañe quizá a esa presencia indígena no reconocida en el adn y el subconsciente de la población? La verdad, a diferencia de en otras culturas, donde las relaciones sexuales están bien diferenciadas del acto de procrear para mantener la tribu, y bien reguladas; en lo que es el mundo andino, no he encontrado todavía nada al respecto. Seguramente no sea más que mi ignorancia y falta de información. ¿Será entonces la presencia de cinco siglos de colonia, entendidos como cinco siglos de catolicismo, o será la influencia también muy presente de las diversas iglesias evangélicas? La religiosidad popular está mucho más presente aquí que en España, ese país "Romano, Católico y Apostólico" donde me críe y donde una Iglesia anquilosada trata de defender un modelo familiar producto de la Revolución Industrial y el Fordismo presentándolo como el modelo familiar "de Adán y Eva", país donde me críe y donde doy fe no existe un tabú en torno al sexo y la sexualidad tan fuerte como el presente en esta sociedad ecuatoriana en la que vivo hoy día.

Intento estos días hacer por enésima vez un análisis de esa situación: ¿por qué ese pudor en torno a las relaciones sexuales? ¿Por qué esa incapacidad de separar el placer de otros conceptos como el amor familiar y maternal? ¿Por qué esa demonización de cualquier acto que nos produzca placer, sobre todo del placer "carnal"? ¿Por qué toda es demonización de los métodos anticoneptivos como métodos antinatura? ¿Por qué esa sumisión de la mujer al hombre, como mero instrumento para la procreación y prolongación de la especie? ¿Es algo intrínseco al ser humano como tal?

La respuesta se me antoja como un no rotundo que nadie quiere escuchar, todos temerosos de un castigo que está por venir, cuando llega ese juicio y final para unos, o ese mesías para otros. Y es que todo creo que se reduce a esas raíces patriarcales y terriblemente machistas de la religión judaica de la que somos herederos directos todos los cristianos. Una vez hubo un judío que quiso cambiar las cosas, y dar dignidad y lugar a todas las personas independientemente de su género o condición, pero lo acabaron clavando en una cruz para callarlo primero, y para divinizarlo después y arrancar de su discurso todas aquellas páginas que no convenían a la élite de herencia judaica que se justificó en torno a él.

Los judíos acabaron con todos sus mitos y los convirtieron en ley-torá, una ley masculina y por ende machista, que otros tomarían más tarde por Palabra y Biblia, y donde no quedó a penas rastro de una mitología seguramente dual y donde lo masculino y lo femenino se mezclaban en contextos e historias "de cuestionable moral sexual" para la mente de esa dominante cultura patriarcal.
Entre prácticamente todas las culturas sobre las que voy leyendo la vida sexual entendida como placer, estaba perfectamente aceptada y regulada, como estaban también las relaciones sociales, la familia, el matrimonio, sin que una cosa interfiriera con la otra. Los egipcios y los romanos utilizaban de manera habitual distintos métodos anticonceptivos ¡Cuántas veces nos miramos en ese mundo romano-clásico, del que hemos adoptado tantas cosas, desde el Derecho, hasta su administración territorial y su Res Publicae! En la tantas veces citada Grecia Clásica, como cuna de nuestra civilización actual, las relaciones sexuales entre hombres, y entre mujeres, estaban perfectamente aceptadas, baste con ese ejemplo. Y aquí, en este Ecuador en el que muchos de sus habitantes recriminan la horrible conquista y colonia a la vez que echan tierra sobre sus raíces indígenas (para mirarse entonces en qué, me pregunto yo) está el ejemplo presente y palpable de pueblos como los Secoyas, u otras nacionalidades indígenas, donde por el ejemplo, el uso de anticonceptivos naturales para regular su natalidad y su vida sexual, ha estado siempre presente, aceptado y reconocido.

Pero, y al margen, o junto a como cada uno viva sus relaciones sexuales, me preocupa sobre todo ese sometimiento de la mujer al hombre, tan presente en esta sociedad, desde las relaciones laborales, familiares y por supuesto sexuales. La mujer es la que se acaba agachando, sometiendo, entregando sumisamente sus placeres más íntimos a un hombre cuyas necesidades pierden todo lo que de "intimo" y "placer" podrían tener, pues el sexo, como todo en esta vida es un compartir, un hacer por los demás sin esperar recibir nada a cambio, un acuerdo mutuo en igualdad de condiciones. Despojado de todo eso, acaba siendo la más recriminable conducta animal, sea cual sea el fruto de esa relación sexual: un nuevo hijo para prolongar la familia, o unas lágrimas y un silencio que esconde una libertad encadenada.

Y al final, la mujer carga al wawa. El hombre mira firme a la cada vez más encorvada figura de su mujer-instrumento-de-procreación, o desaparece cuando todavía están las sábanas calientes. En ambos casos niega la tan necesaria figura de un padre esa criatura que poco a poco crece en el vientre de una mujer, que desechan primero en lágrimas ve sus sueños rotos, su posible futuro desvaneciéndose a la vez que abraza con amor esa figura de madre que le vende una sociedad en la que ella no cuenta. Con amor, criará a sus hijos, olvidando aquellos sueños de autorealización y crecimiento personal, incapaz levantar su vista al horizonte salvo en esos pocos momentos soledad, siempre socialmente consciente de mantener su cama caliente y la casa llena de criaturas.

Alguien debería decirle que sus sueños y su autorealización como mujer y ser humano son perfectamente compatibles con la maternidad; y que esa maternidad no le corresponde sólo a ella: es algo compartido.

Oh, mantas de bebe y zapatos de bebe
pañales, cucharas para bebé, montañas de azul bebé.
El niño con el que sueño es una pesadilla nacida en una cama prestada
[...]
Y ahora como por dos, camino por dos, respiro por dos

[...]
Cuando el chico era un chico y la chica era una chica
y se conocieron en un mundo cruel,
fuerte en algunos aspectos,
pero ella no pudo mantenerse firme ante la forma en que él le suplicaba,
y accedió.
El orgullo es para los hombres, las jovencitas deben huir y esconderse,
arriesgarse en el juego y aceptar desafíos diciendo "sí".

Como por dos, camino por dos, respiro por dos
como pro dos, camino por dos, respiro por dos
[...]

Eat for Two (Natalie Merchant) en el LP de 10,000 Maniacs Blind Man's Zoo (1989)