Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

viernes, 7 de agosto de 2009

Instalada la última pantalla mural

No se si alguno de ustedes habrá visto una película de Peter Watkins llamada Gladiatorerna (The Glatiators en inglés, es decir, Los Gladiadores) Como por desgracia el cine de Watkins no tiene mucha difusión, cuento acá en dos líneas su argumento: En un futuro las guerras han desaparecido, sustituídas por un concurso de televisión en el que dos ejércitos de diferentes países se enfrentan de verdad para lograr un triunfo que al final ninguno de los dos logra pues el sistema está programado para que nadie salga victorioso.
Cuando la vi hace un par de años, me gustó, aunque, como en tantas otras ocasiones, no le dí mayor importancia y pensé: otra distopía de esas que tanto me gustan a mi. Luego el tiempo pasa, y un día enciendes el televisor y te encuentras con que la realidad que vives está empezando a parecerse demasiado a esa fantasía distópica. Y uno se asusta, y se llena de rabia al ver cómo sus semejantes -y con ellos él mismo, pues al final la raza humana se condena toda ella junta, justos y pecadores- siguen caminado cuesta abajo y haciendo caso omiso de las advertencias que una y otra vez se cuelan por los resquicios cada vez más tupidos se esa masa gelatinosa pudre-cerebro que son hoy día los medios de comunicación.
Mi susto llegó hace unos días cuando, en Chile, vi cierto programa de la televisión nacional llamado Pelotón. Se trata de un reallity en el que meten a varias personas y les hacen vivir como si estuviesen en el ejército: en dos pelotones, que se entrenan y se enfrentan entre sí en diferentes pruebas. No había sangre, no. Pero ¿Cuánto tiempo tardará en haberla, como sucedía en la película de Watkins? El aviso ya está en el aire. Ahora nos toca a nosotros decidir el camino.

Al margen del cada vez más escalofriante parecido de nuestras vidas con una agobiante distopía de ciencia-ficción, me llama la atención sin medidas ver cómo la gente se "engancha" a estos reallities y hace de ellos el motivo de su propia existencia. En chile, noche y día, el principal tema de conversación es lo que pasó la noche anterior en el famoso Pelotón. Llegan incluso al extremo de comentar y promocionar series y reallities en las noticias, junto a los sucesos de la guerra de Iraq, la gripe porcina o las últimas peleas políticas de turno. Me pregunto cuánto tardaremos en dejar de diferenciar qué noticias son reales y cuáles son producto de una ficción. Quizá ya nos estén engañando.
Esto, por supuesto, no sucede sólo en Chile. Los reallities no ocupan de sol a sol la TV chilena solamente. También acá en España, y en otros muchos países sucede lo mismo. Se llame Gran Hermano, o Supervivientes, etc, los mal llamados reallities, pues la "realidad" que dicen mostrar es bien falsa, están por doquier y atrapan en sus redes a miles de espectadores, qué, temerosos de salir afuera y vivir la vida, esa vida que sí es suya y es real, y duele por lo tanto, se esconden en sus casitas y prefieren dejar de vivir como ser humano para convertirse en masa bruta de encefalograma plano mientras otros viven por ellos.

Y el peligro no está solo en los reallities. Está en las novelas, en las películas continuación de continuación de continuación, el la literatura plana y estándar, que siguiendo unos patrones fáciles para el lector medio, le viste con unos roles que no son los suyos propios, y él los acepta, porque los suyos propios tiene que trabajarlos y moldearlos, y claro, es más facil aceptar unos ya escritos y establecidos con toda claridad.
Me da miedo. Temo por esta sociedad. Gente sin imaginación, gente que deambula por la calle dejando de ser él mismo, escondiéndose detrás de un disfraz de superhéroe de comic o viviendo pendiente de 10 locos encerrados en una casa insultándose y jodiendo por la noche ocultos pero a sabiendas de que deben mostrar algo porque hay una cámara de visión nocturna que les graba...

Manden a la gran M. los reallities, los libros pudrecerebro, las series, películas planas. Salgan afuera. Dejen que el duro viento de la vida les haga llorar y les deje marcas en el rostro. Paseen por su ciudad, por su país, siendo ustedes mismos, observando a los demás y al mundo que les rodea. Siéntense entonces en un café bien viejo, sin TV n música demasiado alta y conversen de ustedes mismos, sin miedo.
Y si su vida es tan aburrida que ya no tienen nada de lo que merezca la pena hablar, no tengan miedo, y en lugar de conformarse con hablar de las falsas aventuras de otros, echenle valor a la vida y salga, arriésguense, hagan eso que siempre quisieron hacer pero no hicieron por miedo por que les convencieron de que era una fantasía. Era mentira, pura mentira. Fantasía es la vida que viven ahora. Despierten. Salgan. VIVAN.
Estoy completamente seguro de que encontrarn esa otra vida, esa que ocultan en su interior, y se sentirán vivos de verdad.

"Prefiero vivir mi vida en lugar de perder el tiempo en escuchar radio y ver televisión. Prefiero vivir en lugar de ver vivir a los demás." - Juan Marcos Coquinche, en La Utopía de los Pumas, de Milagros Aguirre (CICAME, Quito, 2007)