Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

domingo, 4 de enero de 2009

El precio del tiempo

Hay quien dice que el tiempo es oro (bastante gente lo dice, no sólo Constantino Romero) Al margen del chiste malo entre paréntesis, me refiero al echo de que muchas veces muchas personas pagan sumas altas por su preciado tiempo. Exigen que se les pague a precio de oro su tiempo de trabajo o cualquier otra actividad que realizan, o bien pagan sumas desorbitadas para llegar antes a algún sitio.
Yo, la verad, hasta ahora no me había percatado mucho del precio del tiempo. Nunca he caminado con prisa, ni he sentido la necesidad de llegar antes -léase en menos tiempo- a algún lugar. Si andando tardo una hora y en bus 30 minutos, me es igual, simplemtne salgo media hora antes de casa y voy a pié. Si el avión tarda 30 minutos en llegar Lago y el bus 8 horas, me es igual, me tomo medio día de viaje y listo. No entiendo la prisa por llegar antes y así dedicar el tiempo que uno gana a otra actividad. El mero echo de pasar 8 horas en un bus es una actividad bien interesante, incluso aunque uno no realice ninguna actividad concreta, la mera experiencia, es decir, el pasar 8 horas encerrado en un bus y observar y empaparse del viaje, del paisaje, de la gente, de la vida, simplemente eso, es suficiente y tanto o más valioso que llegar a un sitio volando y aprovechar el tiempo que uno ha ganado en hacer no se qué cosa que aún no ha hecho. No, para mí el tiempo nunca ha tendio ese valor, y cada vez lo tiene menos. Ahora ya ni siquiera busco el confort: me vine en vuelo directo, ahora veo que mejor hubiese sido arriesgarse y dar la vuelta al mundo o pasar 12 en tránsito, no por el dinero, sino por la experiencia. Uno siempre acaba llegando, antes o después, y no es más listo o gana más o aprovecha más por viajar a la velocidad de la luz.
Pero basta de viajes, me estoy llendo por donde no es. La cosa es que estando aquí he hayado sin querer que el tiempo tiene precio. Si señor, y sin viajar, simplemente sentado delante de un ordenador. Cada vez que vengo al internet, al cyber, mantengo un ojo en el teclado y otro en el reloj, me desespero cuando las descargas o las subidas van demasiado lentas... Parece que con cada minuto, uno de mis preciados centavos de dólar se van por el ciberespacio con los ceros y los unos. ¿Quiere usted dominar el tiempo? Ponga un cybercafé-locutorio. En esta sociedad en que la información es lo más valioso, los canales de acceso a la misma, la comunicación virtual, telefónica, las vías para adquirir esa preciada información se convierten en un punto clave tan valioso o más que el fin. Puedes pagar y suscribirte y tener acceso a mil y un periódicos y bases de información online, pero si no puedes acceder a internet, estas fregado como dicen aquí. El que controla el acceso al mundo virtual, a la comunicación por cable o inalámbrica es el verdadero jefe del meollo. Si sube la tarifa, se cruza de brazos ante las protestas del usuario y espera a que este suelte su preciado oro. Es el nuevo barquero, el que nos permite viajar virtualmente a cambio de nuevas monedad de oro, y cuando más dure nuestro viaje, más costará. Sin embargo, hemos llegado a un punto en que no podemos vivir sin movernos por esas autopistas de la información. Nos hemos vuelto adictos y tenemos siempre parte de nuestro cerebro espectante de recibir nuevos emails y sms y ansiamos conectarnos a la red cada vez que nos falta algo, cada vez que no entendemos o no encontramos algo, y gastamos nuestro tiempo convertido en dinero en viajar entre ceros y unos por el ciberespacio, olvidando que hay otras formas de comunicación, quizás más limitadas en velocidad y alcance aparente, pero más universales y, por supuesto gratuítas. Sólo hay que tener un poco más de confianza y fe en los demás, aunque para eso hay que utilizar otros medios menos materiales y a veces necesitamos tanto ver imágenes, leer, escuchar voces, que acabamos pagando nuestras piezas de plata para no quedar nunca realmente satisfechos
Yo mismo caigo en las redes de las que me quejo y me conecto y pago y escribo en este blog, porque algo en mi me dice que escriba y que pague religiosamente por poder más que escribir transmitir estos conocimientos. Sí es cierto que uno se busca sus medios para no pagar o para pagar menos, como el escribir en casa y luego ir colgar en el blog el texo, algo que hago precisamente en estos momentos para así ahorrar tiempo-dinero mañana.
Supongo que como todo, las autopistas virtuales y el dinero convertido en tiempo de comunicación constante no son malas, siempre y cuando las usemos con moderación y no nos convirtamos en un apéndice de nuestro ordenador o nuestro teléfono movil, algo que por desgracia le sucede cada vez a mas gente.
No hace falta llamar a casa todos los días. No hace falta leer todos los días. No hace falta ver 20 horas de televisión. No hace falta sacar 500 fotos en un viaje. A veces es mejor mirar en el interior de uno mismo y dejar que los recuerdos, las esperiencias, las voces y rostros de gentes lejanas surgan desde lo más profundo del ser con mucha más fidelidad y realidad. Inténtadlo. Es un viaje bien bonito.a través de las autopistas del corazón.

[...]
don't you write it down remember this in your head /no lo escribas, recuérdalo en tu cabeza
don't take a picture remember this in your heart /no tomes una foto, recuérdalo en tu corazón
don't leave a message talk to me face to face/ no dejes un mensaje, háblame cara a cara
[...]

Dead man's hill, de Amy Ray. En el disco de las Indigo Girls Swamp Ophelia (1994)