Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

viernes, 6 de junio de 2008

¿Crisis?

Todo el mundo está alarmado. Sube el precio del petróleo. Baja el sector de la construcción. ¡Crisis! ¡Crisis! ¿Qué crisis? Sí, como el título de aquel disco de Supertramp.
No soy ningún entendido en economía, pero personalmente no me gusta nada el modelo económico actual, este llamado neoliberalismo, así que por mí, si todo se va a la mierda los proximos años, perfecto.
¡Ala! ¡Salvaje! Gritarán algunos y me dirán que, si todo se va a tomar por saco, yo también, pues, como todo hijo de vecino, dependo, aunque no quiera, de las "leyes" de este neoliberalismo. Bueno, quiza sí... o quizá no... Déjenme ser joven y soñardor un poco más, si no lo hago ahora y me vuelvo de pronto práctico entonces sí que moriré con el sistema o al menos me quedaré calvo rápidamente de tanto estress y precocupaciones debido a la "crisis".
No creo que haya que acabar con el sistema de una manera radical e irse a vivir al medio de la selva -si es que aún queda selva virgen para cuando esto explote- o construir un estado-social utópico en donde todo el mundo es bueno y feliz (eso si qué es perder el tiempo en sinsonadas...) No. La solucción se me antoja mucho más al alcance de la mano de todos nosotros. Simplemente, buscando alternativas a la crisis, planteándose la vida de una manera distinta y tirando adelante. ¿Que no es el camino que ha trazado desde hace años la mayoría de la sociedad? Y qué. ¿Sólo porque todo el mundo se haya montado en un tren que va a descarrilar, tengo que comprar yo billete también? No.
La gente está atacada. La gasolina -y con ello todo lo demás- sube más y más cada día. La inseguridad ciudadana aumenta -o eso dicen en las noticias. Todo el mundo busca la seguridad de un trabajo fijo y bien pagado y una casa en propiedad para así poder refugiarse de este fin del mundo. A mi no me parece para tanto. Quizá sea mejor que me explique con unos ejemplos:

¿Que la gasolina sube y no puede ir en coche a trabajar? Bueno, pues venda el coche y use el trasnporte público. "Es que no me coinciden los horarios del bus, o llego muy pronto o no llego a tiempo" Bueno, pues llega pronto, llévate un buen libro y ponte a leer hasta que llegue la hora de entrar al trabajo. "Buff, ¡Cómo voy a hacer eso!" ¡Ay qué comodos nos hemos vuelto!
¿Que ahora sale muy caro el gasóleo, el gas ciudad para calefacción? Bien, póngase un jersey bien gordo y una buena manta en la cama en lugar de andar en manga corta por casa con la calefacción a cien.

Quizá sean ejemplos muy simples, pero creo que ilustran bastante bien nuestra cómoda forma de vida. Mire, señor economista, o vencino o amigo práctico. Yo no tengo carnet de conducir. No quiero uno. No me hace falta. No quiero coche, prefiero transporte público ¿Que tengo que esperar 30 minutos todos los días o acomodarme a horarios no muy flexibles? Bueno, pues espero y me acomodo. ¿Que el tren tarda más? En ese caso aprovecho para leer un buen libro ¿Que no hay apenas servicios o es muy caro, y no puedo volver a casa más que por navidades y vacaciones en vez de cada quince días? Pues les mando una carta mientras esperan mi llegada y sigo con mi vida.
Yo no aspiro a un trabajo fijo y bien remunerado para toda la vida. Aspiro a uno que me guste y que me "realice" día a día. Qué mejor que cambiar de trabajo, de ciudad, de país, y al mismo tiempo conocer otra gente, otras costumbres, otras ideas. A veces serán trabajos mejores o peores, con más o menos dinero, pero a todo se puede adaptar uno. "Ah, pero y si te casas y tienes críos, y qué haras con todas tus cosas, ¿Te las llevarás a cuestas como un caracol? No puedes." No necesito llevarme cosas a cuestas, porque no necesito tantas cosas. Hemos llenado nuestras casas de bienes inútiles sólo porque nos ofrecen como indispensable para hacernos consumir y mantener esta economía-camino-de-el-desastre y porque, como animales enjaulados y atemorizados en que nos hemos convertido, necesitamos ese montón de trastos para soñar y viajar sin salir de casa. Y si tengo críos, renunciaré a vicios -y a vicios que hemos convertido en falsas necesidades- para poder criarlos.
No creo en un sistema de pensiones. Sí en una seguridad social, en un amparo por parte del estado en necesidades básicas. Sanidad, educación, infraestructuras viales, agua,... bienes gratuítos de todos y para todos. Pero nada más. Que cada uno trabaje en lo que pueda en cada momento de su vida según su salud se lo permita ¿Y cuando se haga viejo, viejo, tan viejo que ya no pueda estar sólo? ¡Pues al hoyo! No no soy ningún salvaje, pero mi experiencia cuidando ancianos me hace pensar en que llegará un momento senil al que no quiero llegar. Seamos honestos. Nadie puede vivir para siempre, ni puede vivir siempre igual. Aceptemos lo inevitable.

Adaptémonos. A los cambios de la edad, a los cambios de la economía. Si algo deja de funcionar, o si vemos que algo no nos gusta, entonces cambiémoslo. Salgámonos de la autopista y cojamos el sendero que más nos guste y tracemos nuestro propio camino. No hay unas alternativas mejores que otras. Sólo diferentes caminos. Lo que no podemos hacer es quedarnos en casa lamentándonos y empeñándonos en mantener algo que ya no funciona. Nada es eterno. Nada ha estado ahí siempre. ¿El modelo de familia actual (nuclear)? ¡200 años! ¿El capitalismo? ¡Otros doscientos años más o menos! ¿Y antes? Mercantilismo, familias extensas, economía de subsitencia... ¿Y después? Eso aún no está escrito, nos toca a nosotros trazarlo. Todo tuvo un principio, y surgió de una necesidad de cambio que sintieron unas personas al ver que el modo en que venían viendo dejaba de funcionar. Fueron entonces pocos los que se atrevieron a cambiar de camino, y se encotraron con el grueso de la sociedad que les criticaba e intentaba salvar como fuera "su sociedad". Lo mismo pasa ahora.

Salid de casa. No busquéis solucciones, no para remendar de nuevo lo irremendable. Buscad alternativas. Y llevadlas a cabo por muyutópicas que parezcan.