Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

lunes, 11 de febrero de 2008

No voy a callar la boca

Hace cosa de un año más o menos, en mi enfado interior o depresión, como queráis llamarlo, plasmé sobre el papel mi descontento con el mundo, con la sociedad, en un intento de expersar mis sentimientos, de librarme de ese miedo y angustia internos. Si seguís este blog, no hace falta deciros que dicho escrito, que en un principio pensé en colgar aquí, no llegó finalmente a dar el salto del papel al mundo digital.
Tampoco ha a lugar colgarlo ahora, porque en estos momentos empiezo a ver las cosas de otro color, ya no quiero esconderme más del mundo dentro de esta caja, sino que empiezo a moverme hacia afuera, empiezo a sentir la necesidad y las ganas de salir y plantar cara este modo de vida que tan disimuladamente nos venden y decir ¡¡¡BASTA!!! Puede que me cueste horrores. Puede que tenga que cruzar el charco y renunciar a ciertas "comodidades" para encontrarme a mi mismo y encontrar a la vez una manera de no ser arrastrado por la riada, pero lo voy a hacer, tarde o temprano, y no voy a callar la boca más, le duela a quien le duela donde le duela.
Uno tiene que ser fiel a sus ideales, a sus valores, y mantenerse firme, trabajando y avanzando en pro de ellos, por muy utópicos que parezcan, por muy diferentes que sean comparados con los que se supone que debemos aceptar para vivir; y además, sin miedo a que dicha defensa nos obligue a cambiar nuestro modo de vida, este que nos ha sido impuesto sin nosotros preguntar desde el día que nacimos. Sin olvidar por supuesto, una cosa esencial: el respeto a los demás, siendo conscientesde que no todo el mundo tiene porqué ver las cosas como las ve uno mismo. La liberdad de una persona acaba donde empieza la de otra persona. Esa debe ser la máxima.
Lo cual no implica que trabajemos no sólo por nosotros mismos, sino, y sobre todo, por y para los demás, presentes y futuros; que nos movamos y que intentemos mostrarle al resto de la gente que hay otras maneras de vivir, que todas son igual de buenas siempre y cuando vivamos en el respeto mútuo; que iintentemos mostrarle a la gente alternativas que la sociedad les oculta, por lo menos para que las conozcan y las respeten si es que no se atreven dar el paso y cambiar ellos mismos; que intentemos poner las cosas en su sitio para que así,valores, ideas, hechos históricos, arte, no sean manipulados, desprestigiados y utilizados con fines egoistas por ciertas personas o colectivos.
"Ya han manipulado la canción" escribía yo hace cosa de un año, "y no voy a dejar que me cambien a mi también". Sigo en mis trece, ahora aún más convencido. La cita hacía referencia a cierto banco de color naranja que bombardeaba entonces (y sigue bombardeando ahora) nuestras cabezas con una anuncio televisivo en el que usaban como música el tema gospel tradicional "He's got the whole world in his hands". Ellos cantaban (y cantan) "We've got the whole world in our hands". La ironía me comía por dentro y lo sigue haciendo en la actualidad. Puede parecer una bobada, pero, la historia nos enseña que a veces se empieza cambiado cosas insignificantes, como canciones, y luego se acaba cambiado a las personas, sin que nadie se de cuenta o proteste. Y ello es posible debido a la ignoracia de la gente, a la no promoción -lo cual equivale casi a la ocultación- de ciertas ideas, valores, arte, alternativas; a la des-información subliminal de la gente, de la sociedad. De pronto, se levantan y ya no rezan su plegarias a Dios, las rezan a un banco. Yo al menos no quiero vivir en un mundo que esté en manos de un banco-sistema económico-dios. Dios como concepto en el que aplacar nuestros miedos y buscar fuerza y esperanza está bien, pero ¿materializaro así? No. De ninguna manera.

Creo que pniendo los puntos sobre las íes, mostrando la versión original, la verdadera, pormocionando otros libros, etc., por lo menos despertaremos el espíritu crítico, instaremos a la gente a pensar y buscar y no aceptar las cosas como vienen si pararse a leer la letra pequeña.
Y todo esto porque ayer vi de nuevo Metrópolis, la maravillosa película de Fritz Lang, ahora por fin en su versión original, lejos del montaje comercial creado por Hollywood que hemos venido viendo durante más de 70 años y que destrozó el verdadero argumento, el espíritu de la película. Y viéndola me encontré con el obrero 11811 y una lucecita se encendió en mi cabeza ¿Dónde h visto yo este número?
Qué ironia que sea el de una compañía de información por teléfono. Si a la gente se le ofertaran otras opciones de forma desinteresada, si se porgramase Metrópolis, si se exibiese sin pensar que los índices de audiencia iban a caer, hoy día una empresa ho habría elejido semejante número, porque todo el mundo les señalaría con el dedo diciendo "vaya grupo de palurdos, usar el nombre de un personaje Metrópolis para esto, yo no les llamo".
No voy a decir aquí quién era 11811. No tiene nada que ver un tipo con pelucón que baila en la tele. Es un personaje humano, muy humanno. Con un número en el gorro. Ese número que todos llevamos sin saberlo escrto en la frente en esta sociedad que pretende hacernos ir de aquí para allá, todos igualitos, a merced de modas y tendencias preconcebidas por aquellos que viven en altos rascacielos o idílicas mansiones mientras que los demás -la inmensa mayoría- nos conformamos con un poco de pan, diversión insulsa, sueños de plástico con los que descrispar nuestras manos codiciosas, como dice otra canción, y un número que dice dónde vamos, quiénes somos y qué nos está permitido hacer. Y lo que es más triste aún, todos contentos, felices, sin ni siquiera pensar o soñar que puede haber otras posibilidades, otras maneras de vivir.

Yo no voy a dejar de soñar. No. Y voy a hacer que la gente sueñe, que piense. Me siente como Sam Lowry, el héroe de otra película que alimenta mis sueños, junto a Freder y María, y Montag, y Clarisse y la gente libro. Seguiré soñando. Y seguiré trabajando por que la gente sueñe. Aunque me quieran hacer despertar y unirme a las aborregadas masas. Soñaré.
Quizá algún día nos encontremos con que ya no es más un sueño. Ojalá.

1 comentario:

david santos dijo...

Hola, Alvaro!
Callar a boca, no.
Gracias por compartir ru trabajo con nosotros