El ir y venir luchando por las cosas más queridas, sin bien nos gasta las manos, nos deja abierta la vida.
- Víctor Jara

domingo, 21 de abril de 2019

La noche antes del Día del Libro

La noche antes del Día del Libro
esa noche, no dormimos:
viajamos en cohete a luna,
perseguimos al ballena blanca,
cazamos fieros tigres en Malasia,
fuimos príncipes de un asteroide
y también de Dinamarca.

La noche antes del Día del Libro,
peleamos contra molinos,
escuchamos jazz por los caminos
de Estados Unidos y en los campos
de la Vieja Castilla cantamos
a un olmo seco y a su vera
esperamos a la primavera.

La noche antes del Día del Libro
un inglés nos contó los mitos
de la Antigua Grecia y en Líbano
escuchamos vehemente al profeta.
Enamorados en algún lugar del tiempo,
luego nos encontró la guerra:
"¡Las salamandras!" gritó la prensa.

La noche antes del Día del Libro
los bomberos quemaban libros.
Sostiene un amigo que ocurrió
más o menos cuando ya nadie leía
cuando todo el mundo dormía:
los dedos enredados en celulares,
inertes, sin príncipe, sin rueca.

La noche antes del Día del Libro,
esa noche, no dormimos:
Cuando rompió la mañana
salimos a la calle en pijama
y con voces claras de barítono
en oficinas, buses y parques,
leímos.

La puerta violeta

Ven, hagamos una puerta,
juntas, con jirones de vida
del bosque de nuestra alegría.

Ven, pintemos esta puerta
con todos nuestros morados,
que sane la piel, la herida.

Ven, busquemos la llave
con la caricia de tantas manos
y un solo puño en la justicia.

Palabras

Me dejó la tristeza,
la casa en silencio
y la calle vacía.
Y las palabras no dichas,
y los abrazos en vilo
y con los ojos cuajados
escribo de ella.

Del tiempo que nos llevó encontrarnos.
Del tiempo que nos llevó lejos.
De las distancias nuca recorridas,
el uno junto al otro,
sin compartir un beso.

Me dejó acá en la playa
de adoquines y concreto
y una lluvia sin risa.
Una lluvia que no lava,
mientras cae, pienso
palabras, versos,
palabras para ella... caricias.

domingo, 14 de abril de 2019

Flores

Daniela, Kamila y Sara Manuela.
Las vi brotar en primavera,
entre el maíz aún tierno
de hojas verdes; por dentro,
Sara, Kamila y Daniela.

Tres rostros en la ventana
florecen con la mañana,
en los pétalos recién abiertos
el rocío crea reflejos,
Sara, Kamila y Daniela.

Tres razones y tres causas:
mujer, igualdad, y palabra,
dignidad, amor y respeto;
vidas plenas en derechos:
Sara, Kamila y Daniela.

Daniela, Kamila y Sara Manuela.
Flores libres sin maceta
el alfeizar se quedó estrecho,
su raíz se ancló al viento:
Sara, Kamila y Daniela.

martes, 2 de abril de 2019

Biobibliografía

Para Gloria y las maestras.
Feliz Día Internacional del Libro Infantil

Doña Pito Piturra
tenía unos guantes
los tejió la maestra
con mil retales.

Doña Pito Piturra
cosida con hilo
con pastas duras
para los niños.

Doña Pito Piturra
crujía sus dedos
si pasabas la página
y leías un verso.

Doña Pito Piturra
nos llevó de viaje
mil y un mundos,
sin salir de clase.

Doña Pito Piturra
nos presento amigos,
esperaban ansiosos
entre los libros.

Doña Pito Piturra
vivía en un cuento
Doña Pito Piturra
lo llevo dentro.

viernes, 22 de marzo de 2019

La amistad

Páginas de tu vida en verso,
cuando las abro,
me encuentro ante un espejo
reflejando, sintiendo
los mismos anhelos.

Soplos de la vida,
algunos que sabía
que eran siempre tuyos, y otros,
otros que quizá intuía,
sin saber eran tuyos
y míos.

Será que la amistad es
coincidir hasta en lo que no se dice,
todo lo que se escribe
sólo para tu ser.

Mi casa huele a KFC

Así, como dice el título. Desde el pasado viernes, mi casa huele a KFC. Ni me agrada ni me desagrada el olor o el sabor a pollo frito brosterizado, pero si suelo evitar ese tipo de comidas: prefiero siempre cualquier otro restaurante local, de esos que no pertenecen a ninguna cada y donde uno puede hacerse amigo del dueño o divertirse por dentro ante la impasividad del metre, pero la realidad esa: desde el viernes, en cuanto abro alguna ventana de la casa, el olor a KFC penetra por todos los rincones de la casa.

La razón de este olor que muchos pensarían que brotan de mi horno que estos días bosteza aburrimiento o de sartenes convertidas en pistas de patinaje para arañas, tiene que ver con un deslumbrante KFC que han abierto en la esquina de la calle, justo atravesando la calle al lado de la iglesia, y que desde que abrió parece el nuevo templo de alguna nueva religión dispuesta a llevarse a todos los creyentes: hay más personas comiendo en el KFC, haciendo fila en las interminables colas para entrar o saliendo cargadas de baldes desechables de pollo frito (en esencia, y fisiológicamente ambos balde y pollo frito, son desechables) que opaca y supera en numero a los feligreses de la iglesia vecina, el cutre "Circo Ruso" instalado en otro solar de la ciudad, o los programados, casi ensayados y podríamos decir prefabricados cierres de campaña de los partidos o listas políticas estos días.

Vota todo KFC. Ese es el resumen. Si mucha propaganda, sin hacer grandes alardes, en 3 meses han construido uno de esos edificios de una sola planta con típica cornisa sacados de cualquier ciudad estadounidense, propio de los decorados de un pueblo del lejano oeste, y lo han dejando como si algún mayordomo hubiese pasado el plumero por cada milímetro de la casa: todo brilla y luce reluciente, los colores están brillantes, las luces de neón o de led brillan con todo su fulgor, y el impecable y matemáticamente colocado interior parece el imposible decorado de una película o una de esas exhibiciones de muebles a la venta donde sólo falta el "no sentarse". Acá la indicación es la contraria: Haga fila frente a la urna electoral, elija su voto, inserte su aportación económica a la causa, retire su premio y siéntese con ello en una mesa para disfrutar con su familia o en su orgásmica soledad gastronómica.

Me han convencido. Y aunque ya no está permitido hacer pronósticos de ganadores o intención de voto de los comicios del domingo, yo voy a hacerlo: Si el domingo hubiese una papeleta que dijese "KFC", un señor de pelo blanco, lentes y perilla sería, por casi unanimidad, el nuevo alcalde de Coca.

Promesas de convertirse en una ciudad, en otra ciudad. Rápidas y convincentes promesas, luego desvanecidas bajo el humo como la novelería que dentro de unos días, quizá semanas dejará el local ocupado sólo por los parroquianos de siempre y algún que otro capricho de viernes o domingo por la noche. Coca Fried Chicken. Todo está ya en el asador. Muchos se quemarán en la parrilla, otros sabrán jugosos los primeros días y luego se convertirán en inmasticables suelas de zapato. Más tarde, sólo cenizas y entre ellas, hombres y mujeres escarbando por alguna promesa olvidada.

Los tubos de led o de neón parecen eternos, pero al final se apagan. ¿Alguien los cambiará cuando llegue cuando llegue la hora del mantenimiento?