Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

domingo, 14 de febrero de 2016

Jardineras del alma

Entre las flores que habitan el jardín
hay unas manos que cuidan de otras
hay unos ojos que brillan serenos,
hay oídos que escuchan atentos
el rumor del viento en las hojas.

Hay unas manos suaves que sanan,
dejan su sangre en espinas de rosas,
rosas que son todas las vidas
plantadas por Él; unas unidas
otras marchitas, llorando, solas.

Y hay días que el jardín florece,
y otros en que frío viento sopla
arranca los pétalos y deja espinas
deja abiertas y en carne las heridas,
sangran marchitas las rosas.

¿Pero qué sería de esta vida,
si no tuviesen espinas rosas?
sin lágrimas y sangre que lo rieguen
sin rezos y besos que lo alienten,
¿tendría nuestro jardín aroma?

Llorad las penas, jardineras del alma
pedid al espíritu sereno de las horas
que las lágrimas regarán nuevas vidas
y en vuestras manos florecerán unidas
cantos y flores nuevas bajo la aurora.