Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

domingo, 25 de septiembre de 2011

Cine-Cita


Son las tres y media de la tarde. Estoy en la oficina organizando listados de estudiantes, rodeado de papeles, en la mesa, en el pisco, ordenados unos, revueltos otros. Se presenta un tipo y me da la mano:
-          -¡Vengo a llevarme a los estudiantes de 2º y 3º de Bachillerato a un acto cultural!
Mi cara de estupefacción debió dejar al tipo algo confuso
-       ---¿Cómo, no sabe nada?
Pues no, yo ni idea, pero aclarado el asunto y a la carrera  me vi embarcad en un bus rumbo al centro con los mayores del colegio.
Con semejante comienzo, no es de extrañar lo que vino después. Nuestra misión era sencilla: hacer presencia en la presentación de unos diccionarios... ahora bien, alguien debió perder el norte. 43 estudiantes adolescentes, en un hotel, esperando, dando vueltas entre stands de una feria de artesanías y productos típicos, rodeados de camareros repartiendo aperitivos... Cerré los ojos un momento y pensé “         que no rompan nada, por favor”. Y claro que rompieron algo: todos los esquemas.

Bajados del bus, nos dieron calurosamente la bienvenida:
-          ¡Pasen muchachos a tomar refrigerio!
Estampida. Luego, una fila multicolor esperando por un vaso de cola y una empanada de verde. Al de las empanadas casi se le va todo al piso pensando de donde sacar para tantas bocas al de la cola casi se le derrama el vaso.
Yo  volvía a cerrar los ojos al ver pasar a otro camarero con copas de champan. Menos mal que tuvo la feliz idea de desaparecer al poco tiempo.
Reconfortada la tropa con el pincho, comenzó la dispersión. Cuando me di cuenta unos estaban entre los libros, otros mirando artesanías, otros corriendo por el parque de juegos y la piscina... ¡Profe, profe, ¿le gusta esta manilla?! ¡Mire me dieron un abrelatas-llavero! ¿Profe, tiene cambio de un billete de 20, es que me quiero comprar... ¡Profe venga a ver los animales que tiene acá encerrados... alguien jaló de mi brazo y me vi paseando por un zoológico improvisado en un rincón del hotel al que no se bien como llegué...
No se donde se metieron mis estudiantes exactamente ni que hacían. Yo saludaba a las autoridades y mis pupilos deambulaban por todo el hotel. Llegaba la hora de comernzar el acto. Empecé a recoger el rebaño, poco a poco van apareciendo: unos dejan el parque de juegos, otras de regatear por las artesanías, otras aprenden a doblar servilletas en la cocina... por lo menos nadie parece molestarse por la presencia de los chicos por el hotel, incluso parecen agradados.

El acto tarda en empezar. Comienza el baile de nuevo, me siento, me levanto. ¿Profe, puedo ir al baño? –Bueno. Todo el mundo comenzó a desfilar al baño, y lo más curioso es que regresaban con algo de comida en la mano. Me empecé a sospechar lo peor y salí de la sala con ojos de detective... resultó ser un camarero buenagente que les regalaba pinchos. Menos mal.
Finalmente comenzó el acto. Después de una hora de discurso sobre educación, del cual estoy seguro que ninguno de mis alumnos entendió prácticamente nada, nos dejaron ir. No se bien a que fuimos. Supongo que a hacer bulto. NI siquiera nos regalaron un libro para el colegio.

No entiendo esta política de educación. Gastar dinero en pompa y boato y nada más. Mejor sería que mentalizara a la gente de que se entregue a la profesión que es lo que verdaderamente hace falta.
Nosotros regresamos al colegio mitad con la sensación de haber perdido una tarde, mitad descansados del estrés de las clases. Yo volvía a sonreír después de haber vuelto a estar en una película de Felini. Y no me estresé mucho. A pesar de mis nervios, reconozco que mis alumnos son de los más educados, responsables y educados que he visto.
No puedo sino felicitárseles, y esperar que en el futuro me vuelvan a embarcar en otra salida suigéneris. Eso sí, esperemos que esta sí sea educativa y aprendamos algo nuevo, pues que los adultos se olvida de lo que es un colegio ya lo sabemos, y a doblar servilletas también hemos aprendido ya.