Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

lunes, 25 de enero de 2010

Por el corazón de Burgos

Este es un país de historia e historias. Son tantos los pueblos que han ido dejando su huella por estas tierras a lo largo del devenir histórico. Son tantas las historias personales, las enseñanzas dejadas al poso de la tradición y la herencia genética... Las olvidamos con mucha frecuencia, pero el paisaje, nos las recuerda contínuamente, nos las pone frente a los ojos para recordarnos lo que fuimpo y lo que en cierto modo seremos, aunque nos neguemlos a ello.
En estos días en que la inmigración está en lo titulares y en la mesa de algún politicucho que no ve más allá de la punta de sus narices grandes como las de pinocho, quizá la mejor medicina para entender el proceso que vivimos, es dejar nuestra casa vacia con nuestros televisores mudos y tomar un tren o coger el coche dejarnos llevar por las carreteras secundarias de este país -y también por vias no tan secundarias- ocupados ahora en observar el paisaje y en detenernos aquí y allá para ver pequeños pueblos, iglesias y ruinas, y escuchar lo que nos tienen que decir. Una manera distinta de viajar, sin la preocupación de llegar lo más rápido posible a nuestro supuesto destino, sino viajando sin rumbo, despacio, empapándonos de la vida inerte y secreta de la región.

No hace falta ir muy lejos de casa. En las esquinas de la ciudad, incluso en una gran urbe como Madrid o Barcelona, en algún camino olvidado cerca del pueblo, están esos testigos eternos, aguantando inviernos, soportando inexorables el paso del tiempo.
Uno de esos lugares es el centro - sur de la provincia de Burgos. En un radio de unos 30 Km, tomando como centro el hermoso pueblo de Covarrubias, uno puede viajar hacia atrás hasta nuestro pasado más remoto: monumentos megalíticos de nuestros más remotos antepasados, monasterios y torreones, vestigos de una reconquista que nos habla de una mezcla de sangres a la que aparentemente hoy queremos renunciar, vestigos de los diferentes pueblos y gentes que han pasado por este país y nos han dejado su impronta, su herencia, su sabiduría.
Incluso podemos viajar a eras geológicas anteriores e intentar imaginarnos cómo era esta tierra incluso antes de que el primer homínido pusiese sus pies sobre ella.

Y no sólo el viaje en el tiempo. También el viaje a la tranquiliad. A la calma y la lentitud del día en pequeños pueblos silenciosos, donde la "facendera" sigue siendo una ocupación el sábado o el domingo, donde un evento tan sencillo como la matanza del cerdo sigue siendo momento de celebración lleno de significado, donde uno camina tranquilo, ausente del frio y la lluvia de un mes de Enero, y encuentra la hermosura y la armonía entre el paisaje y sus gentes, presentes y pasadas.

Huella de Dinosaurio












Dolmen en Cubelo, Burgos








Iglesia visigoda en Quinanilla














Claustro de Santo Domingo de Silos


Ruinas del Monasterio de San Pedro de Arlanza
















Desfiladero de la Yecla





Liquen. Prueba de la pureza del aire en estas tierras.


Fiesta de la Matanza en Covarrubias.

Gracias Kiko por invitarme a pasar este fin de semana perdido por el "Burgos Profundo"

1 comentario:

Kiko dijo...

Para otra vez nos irremos "camino a Soria..." :)