Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

miércoles, 27 de enero de 2010

Criaturas nocturnas

Escribí esta entrada un día 12 de septiembre del año pasado, durante las fiestas del pueblo. De alguna manera se perdió entre los bites del blog y hoy me he topado con ella por pura casualidad... La rescato pues, de entre los agujeros cibernéticos por los que se perdió entonces.

- Acabo de ver a un negro llevando a un blanco en un carro de supermercado.
-¿Qué?
- Que acaba de pasar un negro llevando a un tipo blanco en un carro de supermercado.
- ¡No jodas! -Con cara de incrédulo mirando hacia la ventana del bar.

Afuera, en la noche, en una calle estrecha de pueblo, llena de vida un viernes por la noche, pasan personas no mucho más raras que tú, no mucho más bebidas que tú. Al menos en apariencia.
Salir un viernes o un sábado por la noche a tormar unas cervezas con los amigos, es lo más natual de mundo. Estás rodeado de gente que ha salido con esas mismas o similares intenciones. Gente normal. Hasta que poco a poco vas entrando en la psique de los moradores nocturnos, y poco a poco la tranquila noche de copas empieza a deribar por el celuloide de una película de David Lynch y empiezas a ver todo en color verde Heineken, a viajar por calles llenas de freaks y otros personajes raros sintiéndote como el protagonista de ¡Jo, que noche! de Scorsese.
Mi vida nocturna a veces parece una variación del argumento de esa película, o una especie de versión light de las andanzas de Hunter S. Thompson por Las Vegas, es decir, sin drogas, sin alcohol a embudo, con música normalmente bastante más mala, y sin sexo desenfrenado... pero en el aspecto mental de confundir las cosas, de acabar por las conversaciones más peregrinas y subrealistas, sí, sí, sí. A veces se embriaga simplemente con el aire nocturno.

Pongámoslo sobre el papel. Mi pueblo es un punaño de casas modernas, crecias a golpe de expansión minera que albergan a no más de nueve o diezmil habitantes. El tipico pueblo lo sufucientemente pequeño como para caminarlo entero en una sola tarde y lo suficientemente grande como para tener algo de vida y movimiento contínuo. El típico pueblo donde todo el mundo sabe quien eres, el vivo reflejo de aquella canción, My Little Town, de Paul Simon.
Lo último que espero es que, después de salir una noche con los amigos, acabe pensando en escribir una novela de Philip K. Dick. Pero así resulta la mayoría de las veces. Y es que en mi pueblo hay los elementos suficientes como para rodar la segunda parte de Terciopelo Azul:
-Un bar cuyo nombre nadie recuerda y al que todo el mundo dice Heineken porque toda su decoración y estética es un gran anuncio publicitario de esta marca de cerveza, hasta el punto de no saber si estás dentro o fuera del botellín que bebes.
-Trastiendas o almacenes reconvertidos en zonas vip donde la gente fuma porros o se bebe barriles de cerveza enteros.
-Conciertos de rock cutre donde lo mejor es la cinta de Rosendo que suena antes de que empiece la actuación de los mataos de turno...

Picaporte, no es que yo me meta ni me importe, pero si pierdes el norte, no va a haber ni dios que te soporte...
-Este tipo es la hostia. Hace rimas consonantes con una facilidad
-Sí, es increíble. Yo por más que lo intento no lo consigo hacer tan bien
(Pasan las horas nocturnas)
-¡Me cago en la rima consontante, no me sale ninguna!
-A mi lo que me intriga son las letras. ¿Qué es eso de Picaporte? ¿Cómo le puede llamar a alguien así? No tiene sentido.
-Bueno, acá hay o había un tipo al que le llamaban Picaporte. Tenía un ginmasio y lo cerro para hacerse asaltador de bancos
-¡No jodas! -Otra vez con cara de incrédulo.

Los bichos de la fauna nocturna son también extraños. Hay desde el que "Solo caga duro en martes" pasando por los que se lanzan contra una máquina espendedora de golosinas a hostia limpia a las 5 de la mañana porque no devuelve el dinero ni da comida. ¡Y siguen metiendo dinero aunque dice "no funciona!
Cuando funciona, otros se atiborran a Phoskitos a las mismas horas o un poco antes.
También se logran prediciones del futuro próximo con una exactitud pasmosa "Creo que el maño va a potar". Dicho y echo. O brindis estertóricos o irreverentes: !Por la Troma! Frases inocentes que de pronto desatan carcajadas, cuando, una simple conversación sobre accidentes de tráfico es interpretada por algún bicho nocturno a la escucha, no necesariamente con alcohol en su cuerpo: "El que da por atrás siempre paga".
En mi pueblo y en todas partes. Por lo menos de acuerdo con el Codigo de Tráfico en España, ¿no? No sigo con el tema pues no conduzco y por tanto carezco de experiencia en estos menesteres.

El tiempo pasa y la noche se acaba. Y cada uno llega a casa como puede. Aunque algunos teman perder a algun amigo que hace eses por el puente del rio, el dios de las almas de medianoche le acompaña siempre hasta la cama, siempre que no se pase realmente de la raya. Rara vez sucede eso. Rompamos mitos. Al final, no somos más que un puñao de personas atrapadas entre responsabillidades y horarios ajustados que tienen que buscar una válvula de escape en este cuadriculado mundo y, por modestia o timidez, lo hacen arropados por la falta de luz de la noche. Pues, ¿Que más se puede hacer, un viernes o un sábado por la noche, en un pueblo como este, o una ciudad como esta, en este mundo, que permita al individuo volver por unas horas a su libertad primigenia?
Pero basta de intentar ponerle un fin filosófico o moral a este escrito. Cada uno encontrará sus propias justificaciones y explicaciones. Según escribo estas líneas, una mañana después de haberme reído con una cerveza en la mano mientras un negro llevaba a un blanco en un carrito de supermercado por las calles nocturas de este pueblo, siento que no tengo la cabeza pesada. Y que lo más emocionante de la noche de ayer fue el episodio del carrito, como otros similares, otras noches pasadas. Debe ser que nos hacemos viejos poco a poco. Risas y anecdotas que se tiñen ahora de cierta nostalgia, nostaliga de años más jóvenes e inexpertos, más inocentes y libres, que van quedando atrás poco a poco a poco.
Es el fin de algo, pero el comienzo de otro algo tambén. Pues, qué es la vida sino un chiste, una gran carcajada con lágrimas entrecortadas por medio, una mera anécdota en un todo enorme cuyos confines no alcanzamos ni alcancermos a ver.

PD: El carrito de supermercado estaba volcado esta mañana en medio de una calle peatonal...