Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

lunes, 29 de octubre de 2012

"Un lunes cualquiera"

Hoy ha sido uno de esos días raros que merece la pena dejar por escrito, así que dejo de lado otros quehaceres nocturnos hago lo propio.

Lunes, lunes. Me he levantado y me he vestido más lento que rápido, creo que planché el uniforme (había acto cívico, es lunes) y lo manché (justo en la entrepierna, para rematarla jugada) en algún momento entre la plancha y el desayuno y el acto cívico, al que por esperar no se qué llegué tarde, razón por la cual me perdí (¡menos mal!) el himno nacional en los 5 bises.
Creo que luego tuve reunión con el rector, pero estaba tan apurado por llegar a clase de inglés, que no estoy seguro de que hablé con el equipo directivo, y para el colmo, cuando entré en el salón de 9º a darl inglés, ¡no estaba seguro de qué había programado!, y eso que estuve todo el fin de semana programando inglés... menos mal que soy hombre de recursos....
Entre inglés y español y charlas con la secretaria y el profe de agronomía (tengo que bajar al granja después de comer, anotado) llega el almuerzo casi sin darme cuenta, y, mientras me sirvo el arroz nuestro de cada día, alguien me dice que mi celular a estado sonando varias veces en la mañana, y a mí me extraña porque quedó en mi cuarto cargando batería en un rincón al lado del enchufe, y en mi cuarto no hay señal, salvo que sea un rincón especial que yo aún no conocía, así que contesto que raro que fuese mi celular y empezamos a hacer elucubraciones, mientras que -pesadilla eterna- me parece que en mi plato no disminuye la cantidad de arroz arroz arroz...
Si había llamadas perdidas en mi movil. Incluso un mensaje de voz que no pude escuchar porque en mi recién descubierto rincón mágico para celulares, entran llamadas pero no salen (nadie, ni movistar ni la magia, son perfectos) Menos mal que el servicio spin-vox lo transcribió en versión galimatías, como siempre: (Te espero a las 8 = El perro bizcocho) Lo único que estaba claro es que decía Daniela
¿Daniela? Sí, Daniela. Creo que hace ya tiempo que le di el número fijo, y tiene mi mail, sí, y el facebook y todo lo demás, pero, Daniela llama al movil, al medio de la selva -que conoce muy bien- donde no hay señal, y se sorprende de que entra la llamda, y deja un mensaje y dice "estoy en Lago" ¿en Lago? El resto no lo entiendo, pero de pronto el día cambia de escenario y estoy sentado en los peldaños de la catedral de Lago espserando a que aparezca la Dani, paso la hora y media siguiente tomando un batido de guanábana y un pedazo de pizza, caminando envuelto en el calor de Lago y el torbellino de mil y un palabras que acompañan siempre a la Dani, como luciérnagas o nerviosas Campanillas, y yo hablo y no se que digo, y luego no me acuerdo de lo que me cuenta la Dani, y la ayudo con el equipaje o con unas fundas que contienen papel higiénico (sic), y pasa la tarde y anochece como en un abrir y cerrar de ojos, y me encuentro en un taxi en medio de la oscuridad camino de regreso al colegio, meditando, cansado del calor y del día, intentando recordar el día; ¿Cómo empezó? ¿Estoy en un taxi? ¿De verdad estuve tomando un jugo con la Dani? ¿Qué hacía la Daniela en Lago? 
Cansado, estiro la mano a lo largo del asiento de atras, y mis dedos se enredan en una funda negra que contine "cuatro rollos de papel higiénico"
¡Chuta, el papel de la Dani!
Parece que sí, sí estuve en Lago tomando jugo, y mi día fue tan real como cualquier otro día y no un producto de mi -a veces- exagerada imagianción.