Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

domingo, 13 de junio de 2010

Distancias en el corazón

Cómo explicarlo. Cómo explicarselo a los demás, cuando no se ecuentran palabras, cuando lo sientes y te gustaría hacérselo sentir a los demás pero no puedes. Llegas incluso a dudar de tus sentimientos.
¿Estoy actuando bien, o estoy siendo egoista? Es dificil encontrar palabras para describir sensaciones, sentimientos, necesidades. ¿A qué huele una rosa? ¿Cómo descibirlo? ¿Cómo describir a que sabe una naranja? La única solucción para esos casos es hacer que la otra persona pruebe y experimente por si misma olores, sabores y sensaciones.
¿Pero, sentimientos, sensaciones? Es más complicado. Sobre todo cuando no es una sensación universal, como un sentimiento de culpa, o tristeza o alegría por algo que ha sucedido y nos alcanza personalmente.

¿Cómo explicarlo entonces? ¿Cómo explicar esa necesidad de irse fuera de casa, lejos, bien lejos, de romper lazos y lanzarse al mundo, a construir castillos, más reales o más ficticios? No puedo. No se cómo explicarlo. Sólo puedo seguir mi camino y esperar que en algún momento, los demás lo entiendan, o lo acepten, y se alegren por mi.
Parece que es pedir mucho. Lo se. Demasiado, incluso. Pero el espíritu del hombre está ahi, y él es el que lleva las riendas de nuestro destino. Cuántas veces hacemos daño con nuestros actos, incluso con nuestros actos más cotidianos, a otras personas. El libre albedrío hace daño. ¿Qué sentiría aquella chica que te miraba en clase, que te dejaba papelitos con mesanjes en los bolsillos de tu abrigo, y a la que no hiciste caso porque no te interesaba? ¿Deberías haber aceptado aquella invitación sólo para que ella no se sintiese herida?
¿Cuándo hacer por los demás y cúando hacer por uno mismo?

Me voy sí, y esta vez no se que fecha tendrá mi billete de vuelta. Ya no son unas "vacaciones alargadas". Ahora es el comenzar de mi propio caminar por esta vida. Comezar de cero, sembrar mis propias semillas, cuidarlas y verlas crecer. Lo necesito. Necesito ese espacio, en mi interior, y en el exterior también. No es fácil tomar la decisión, pero estoy contento y decidido, y me llenan de gozo y alegría las nuevas expectativas, los nuevos retos, los nuevos riesgos.
Pero es dificil partir si mirar atrás. Sin decir adios. No quiero decir adios, eso es como poner un punto y final a una vida. Y ese aún no ha llegado, aunque llegarán. Aún quedan por medio muchos puntos y seguido, y puntos aparte como este que ahora empiezo.
Sin embargo, siento, siento que digo adios, o que así lo sienten los que ahora me rodean, y entre mi alegría y mi gozo, siento pena y tristeza, un sentimiento de culpabilidad por lo que hago.

Quiero decirles que no me voy, que estaré ahí, que los lazos de corazón nunca los romperán la distancia y el tiempo. Que siempre les recordaré todos y cada uno de mis días, que donde quiera que vaya, dejaré la luz de la entrada encendida y la puerta abierta, que siempre encontrán un plato caliente en la mesa, unos oídos dispuestos a escuchar llanos y alegrías, unos labios para un beso, unos brazos abiertos para un abrazo.

En mi mente y en mi corazón no existen las distancias. Mi casa será la del caracol, acuestas y errante, pero nunca escondido; estaré siempre mirando al sol, lleno de júbilo y agradecimiento, abrazando a todos los soles que me han dado su calor, su compresión, su amistad.

Gracias por brillar y seguir brillando.

Que no se apague nunca la llama.