Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

sábado, 5 de enero de 2008

Caipirinhos

Navidades es para mi sinónimo de pereza y desconexión con mi quehacer diário, incluso con mi ocio habitual. Planifico un montón de cosas y luego no hago ninguna, ni siquiera me pongo a escribir en el blog, y eso que ya tengo varios pensamientos ya maduros esperando a convertirse en letras sobre el papel.
La despedida de este año pasado ha sido, para continuar con la tradicción, un tanto esperpéntica, aunque esta vez algo más breve por los diferentes achaques que sufrimos varios de los colegas habituales. Al que aquí escribe, el nuevo año le ha recibido con Farigitis. Un rollo ocasional que se agarra a mi garganta de vez en cuando. Otros están con gripe u otras dolencias físicas... será la edad.
De todos modos siempre encuentra uno el tiempo y el modo de calmar sus dolores y soltar al diablo que lleva dentro en noche vieja o en cualquier otra noche que se preste para ir de fiesta. Siempre hay momentos especiales para rascar la oreja del prójimo (¿verdad Lugi?) o para soltar paridas a voz en grito, pelearse con máquinas expendedoras de golosinas que parecen tener más hambre que el cliente y deciden quedarse con las monedas y el dulce, y, porqué no, para HACER LA GRAN FIESTA DE LA CAIPIRINHA.
(Si hay algún brasileño leyendo, que pare aquí, pues no creo que esto tenga mucho que ver con una verdadera fiesta de la caipirinha, si es que semejante cosa existe como tal...)

Sí. Caipirinha. Léase Cachaça (aguardiente de caña brasileño) y limas (casi todas las que había en el super) No os imagináis lo que se puede montar con una botella de cachaça, dos docenas de limas, azucar a granel, un mortero, una picadora de hielo sacada de peli gore... y un puñao de tipos locos metidos en el ajo.
Nadie se emborachó (creo yo, aunque no hice a nadie soplar al salir de casa... tampoco había que conducir...) pero al final fue una de esas esperiencias subrealistas no aptas para personas cabales. La amigable charla con caipirinha en la mano y músca brasileña de fondo degeneró en mini concurso de limbo, chapa cinéfica y "bailes caseros al ritmo de Manolo Gas & The Tinto Bang Band y el jingle de Fundador (que está como nunca)
Las fotos hablan por si solas. ...Y aún no era nochevieja.

El año que viene más y mejor a ser posible. A ver si estamos todos con mejor salud y podemos repetir fiesta y realizar otros planes abortados este año por causa de nuestra mala salud. Y a ver si para el año que viene hay más público femenino (o alguien se viste de mujer en su defecto :))